Dieciocho años jugando a gobernar

Miguel Botello DETONA® Cuando concluya el actual sexenio, Nuevo León habrá acumulado dieciocho años bajo tres gobiernos que prometieron ser distintos y terminaron pareciéndose demasiado. 

Por Miguel Botello
Miguel Botello
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Primero fue el regreso del viejo PRI con Rodrigo Medina. 

Después llegó la rebelión independiente de Jaime Rodríguez Calderón. 

Finalmente apareció la llamada “nueva política” de Samuel García. 

Tres personajes distintos. 

Tres discursos diferentes. 

Pero una misma constante: la enorme distancia entre gobernar y aparentar que se gobierna. 

Durante estos años, Nuevo León no ha carecido de recursos, talento, capacidad empresarial ni ciudadanos dispuestos a trabajar. 

Lo que ha faltado es liderazgo político, visión de Estado y, sobre todo, gobernantes capaces de entender que administrar una entidad como la nuestra exige mucho más que ganar una elección. 

El resultado está a la vista: un estado económicamente fuerte, pero políticamente extraviado; una administración pública sometida a la improvisación; instituciones debilitadas por la confrontación y unas finanzas cada vez más comprometidas.

Tres gobiernos, una misma decepción

El gobierno de Rodrigo Medina representó el agotamiento de una clase política que confundió el ejercicio del poder con la administración de intereses. 

La inconformidad que provocó abrió la puerta a una ruptura histórica. 

En 2015, Nuevo León eligió por primera vez a un gobernador independiente. 

Jaime Rodríguez Calderón llegó al poder porque miles de ciudadanos querían castigar a los partidos tradicionales. 

Sin embargo, la independencia terminó siendo más electoral que política. 

Faltaron proyecto, equipo, disciplina administrativa y capacidad para construir acuerdos. 

La esperanza se convirtió rápidamente en decepción. 

Después llegó una nueva promesa. 

Samuel García ofreció romper con la vieja política y llevar a Nuevo León hacia una nueva etapa. 

Sin embargo, su gobierno terminó concentrándose demasiado en la imagen, los anuncios, los viajes, las redes sociales y la construcción de una narrativa personal. 

Nunca se habían producido tantos contenidos desde el gobierno. 

Pero tampoco habíamos visto una confrontación tan prolongada entre los poderes del Estado. Nuevo León ha vivido años de desencuentros presupuestales, vetos, controversias, acusaciones, amenazas y negociaciones fallidas. 

El estado inició 2026 bajo una nueva reconducción presupuestal, reflejo de la incapacidad del Ejecutivo y el Congreso para alcanzar acuerdos oportunos. 

Un presupuesto no es solamente una relación de ingresos y gastos. 

Es el principal instrumento de planeación de cualquier gobierno. 

Cuando ni siquiera puede acordarse cómo utilizar el dinero público, lo que fracasa no es únicamente el diálogo entre partidos, lo que fracasa es la política.

No han faltado políticos; ha faltado oficio

Ser político de oficio no significa haber vivido siempre de un cargo público. 

Tampoco consiste en dominar intrigas, controlar estructuras electorales o negociar posiciones. 

El verdadero oficio político implica comprender el Estado, anticipar conflictos, construir acuerdos, formar equipos capaces y tomar decisiones pensando más allá de la siguiente elección. 

Eso es precisamente lo que ha faltado. Hemos tenido gobernantes rodeados de operadores, publicistas, amigos, improvisados y aspirantes al siguiente cargo. 

Pero hemos tenido muy pocos servidores públicos con visión institucional. 

La política dejó de utilizarse para resolver problemas y se convirtió en una competencia por imponer relatos y narrativa. 

Ya no importa tanto solucionar una crisis como encontrar a quién responsabilizar. 

Ya no se gobierna para construir resultados duraderos, sino para ganar la conversación del día.

Partidos Políticos que dejaron y se olvidaron de representar al ciudadano.

Los gobernadores no surgen de la nada. 

Son postulados, respaldados, financiados y promovidos por estructuras políticas. 

Los partidos dejaron de formar cuadros, construir proyectos de gobierno y representar verdaderamente a la sociedad. 

Se convirtieron en maquinarias para repartir candidaturas, conservar registros, negociar presupuestos y proteger intereses. 

Cuando advirtieron el rechazo ciudadano, no corrigieron sus prácticas. 

Simplemente cambiaron sus discursos, colores y candidatos. 

Comenzaron a privilegiar a quienes podían ganar una elección, financiar una campaña o aparecer bien en las encuestas, aunque no necesariamente estuvieran preparados para gobernar. 

Así llegamos a una contradicción peligrosa: candidatos electoralmente competitivos, pero gubernamentalmente incapaces.

La fabricación de personajes

Los medios de comunicación cumplen una función indispensable en cualquier democracia. Nuevo León cuenta con periodistas serios que investigan, cuestionan y documentan los abusos del poder. 

Pero también existe otra realidad. 

Una parte de la conversación pública ha terminado condicionada por contratos publicitarios, filtraciones interesadas, relaciones personales y agendas políticas o empresariales. 

Así se construyen personajes. 

Se les concede exposición constante, se magnifican sus declaraciones, se publican encuestas anticipadas y se les presenta como liderazgos inevitables. 

La ciudadanía termina eligiendoentre opciones previamente seleccionadas por partidos, grupos económicos, consultores y medios. 

Las redes sociales profundizaron el problema. 

Hoy puede fabricarse notoriedad sin trayectoria, popularidad sin capacidad y cercanía sin rendición de cuentas. 

Un buen video puede ocultar una mala decisión. 

Una campaña digital puede presentar un anuncio como si fuera una obra terminada. 

Miles de interacciones pueden crear la ilusión de respaldo ciudadano. 

Pero los estados no se gobiernan con videos. 

El negocio del conflicto

Alrededor de este modelo prosperó toda una industria: consultores que transforman cualquier fracaso en narrativa; encuestadores que posicionan aspirantes; operadores que cambian de partido sin cambiar de intereses; legisladores que denuncian de día lo que negocian de noche. 

Todos participan en la confrontación, pero pocos tienen incentivos para terminarla. 

Mientras el gobernador culpa al Congreso y el Congreso culpa al gobernador, nadie asume completamente la responsabilidad por los resultados. 

Mientras los partidos se acusan mutuamente, se ocultan los acuerdos que celebran fuera de la vista pública. 

El caos también produce beneficios. 

No estamos frente a un sistema descompuesto por accidente. 

Estamos frente a un sistema que aprendió a sobrevivir mediante el conflicto, la distracción y la simulación.

Un estado fuerte a pesar de sus gobiernos y el llamado urgente a dejar de simular.

Nuevo León continúa generando empleo, inversión, conocimiento y riqueza. 

Pero eso no significa necesariamente que haya sido bien gobernado. 

Significa que sus trabajadores, empresarios, universidades, profesionistas y organizaciones han resultado más fuertes que sus gobiernos. 

Esa fortaleza social ha permitido disimular durante años la mediocridad gubernamental. 

Pero ninguna sociedad puede compensar indefinidamente la ausencia de gobierno. 

La improvisación siempre termina presentando la factura. 

Aparece en el transporte, el agua, la contaminación, la inseguridad, la infraestructura, la deuda y los servicios públicos. 

Y casi nunca la paga el gobernante que la provocó. 

La pagamos los ciudadanos. 

Nuevo León no necesita otro personaje atractivo, otra campaña ingeniosa ni una nueva colección de promesas. 

Necesita recuperar la política como una actividad seria.

Necesita partidos que seleccionen candidatos por su capacidad y no solamente por su popularidad. 

Medios que cuestionen a todos con el mismo rigor. 

Empresarios que comprendan que la estabilidad institucional vale más que cualquier privilegio temporal. 

Y ciudadanos que dejen de votar únicamente para castigar al anterior o por recibir una dádiva.

Después de dieciocho años de decepciones, el mayor riesgo sería volver a elegir bajo las mismas reglas, seducidos por una envoltura diferente. 

Porque si continuamos premiando la imagen por encima de la capacidad, la confrontación por encima del acuerdo y la popularidad por encima de los resultados, ya no podremos decir que volvieron a engañarnos. 

Esta vez habremos decidido seguir participando en la simulación.   

¡¡La decisión, como siempre, queda en manos de usted, estimado lector!!

“Porque Nuevo León no necesita más ruido, más excusas ni más personajes. Necesita gobierno. Y, hoy más que nunca, necesita mucho más rumbo”.
Miguel Botello
Miguel Horacio Botello Treviño nace en Monterrey, N.L., el 4 de enero de 1967. Obtuvo el título profesional de Licenciado en Economía y el grado de Maestro en Ciencias Administrativas, con especialidad en Finanzas, en el ITESM Campus Monterrey. En la Universidad Autónoma de Nuevo León es pasante de la Maestría en Administración Pública, con especialidad en Finanzas Públicas. Su formación académica se ha complementado con diversos cursos tomados en instituciones especializadas nacionales e internacionales en rubros como Finanzas, Gestión de Calidad, Aplicación de Políticas Públicas, Seguridad en Instituciones Educativas y otros. Trayectoria Profesional: El Mtro. Botello se ha desarrollado profesionalmente los últimos 13 años en la Administración y el Servicio Público, de mayo de 2024 a la fecha como consultor y asesor en asuntos de gobierno, políticas públicas y de relaciones interinstitucionales en los tres niveles de gobierno: Federal, Estatal y Municipal. En el Estado de Nuevo León colaboró de noviembre de 2021 a abril de 2024 como Director de Planeación y Evaluación en el CONALEP en Nuevo León; como Consultor independiente en relaciones con Gobierno de febrero 2020 a octubre de 2021; en el Gobierno Federal de diciembre de 2017 y hasta finales de enero de 2020 colaborando en la Autoridad Federal para el Desarrollo de las Zonas Económicas Especiales/Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec en donde tuvo el cargo de Director General de Permisos, Asignaciones y Autorizaciones; adicionalmente coordinó los esfuerzos en materia de Seguridad Pública por parte de la Autoridad Federal con los tres niveles de gobierno, participando activamente en los grupos de coordinación operativa en los Estados definidos como Zona Económica (Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán). En términos de la coordinación también destaca la activa gestión y negociación con la SEGOB y la SEMAR para lograr consensos que permitieran una mejor distribución de recursos en materia de seguridad para las Zonas Económicas Especiales. Anteriormente, en el período de 2011-2016 colaboró como Secretario Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública en el Gobierno del Estado de Oaxaca encabezado por el Gobernador Gabino Cué Monteagudo. Entre sus aportaciones destacan: liderazgo y habilidad estratégica en negociaciones de alto nivel en Seguridad Pública, Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, resolución de conflictos, ejecución y seguimiento de acuerdos del Consejo Estatal de Seguridad Pública, coordinación de estudios especializados, supervisión de cumplimiento de protocolos y correcta aplicación de recursos federales para seguridad pública, además de la coadyuvancia con la Auditoría Superior de la Federación. En el ámbito privado cuenta con una amplia trayectoria dentro del medio financiero. Trabajó en Casa de Bolsa Prime, S.A. de C.V., Multivalores S.A. de C.V., Casa de Bolsa y en GBM, Grupo Bursátil Mexicano S.A. de C.V., Casa de Bolsa. Posteriormente ingresó a Impulsora de Servicios Corporativos S.A. de C.V. y fue socio-director en FINEST, Finanzas Estratégicas S.C. Más adelante se desempeñó como director de finanzas y tesorería en Consorcio Inmobiliario Santos S.A. de C.V. y socio en PROFITS Estrategia y Consultoría Internacional. Ha participado en proyectos de seguridad y tecnología en Tabasco y Villahermosa, además de representar en México a Military Spare Parts France. Ha sido miembro del Consejo Consultivo de Desarrollo del Centro Bursátil Monterrey, instructor autorizado por la CNBV, CONSAR y MEXDER, además de catedrático por cerca de 23 años en el ITESM, el Instituto de Especialización para Ejecutivos, la Universidad Mexicana del Noreste y la Universidad de Monterrey. Otras actividades incluyen la presidencia del Consejo Consultivo Ciudadano de Finanzas y Tesorería Municipal de San Pedro Garza García, N.L. (2005-2007), miembro del Consejo Municipal de Desarrollo Social, y parte de la planilla encabezada por Tatiana Clouthier en 2008. En 2010-2011 fue director general de la Fundación Equidad y Progreso en Nuevo León, en apoyo a la candidatura presidencial de Marcelo Ebrard Casaubón. Ha sido analista y comentarista financiero en prensa, radio y televisión: conductor del programa Línea Financiera (TV Azteca), colaborador en MVS Radio, y articulista en El Norte, Reforma, The Dallas Morning News y actualmente en Monitor Político.