Ellos no siempre saben cuándo parar

Alfonso Martínez Muñoz, Sub Secretario del Medio Ambiente de NL, DETONA® A Beny le encanta ir por las cosas que aviento y traérmelas. 

Por Alfonso Martínez Muñoz
Alfonso Martínez Muñoz
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Diría que es la segunda actividad que más disfruta, después de caminar. 

Viéndolo correr pensé en algo que quienes tenemos perros debemos tener siempre presente: ellos pueden sufrir un golpe de calor más fácilmente de lo que imaginamos.

Hace tiempo, caminando en la sierra, me tocó ver una escena que no he olvidado. 

Un perro de raza grande había sufrido aparentemente un golpe de calor y estaba prácticamente colapsado. 

Varias personas trataban de ayudarlo colocándolo en una corriente de agua fresca que bajaba de la sierra.

En otra ocasión me pasó con uno de mis propios perros. 

Lo llevé a caminar a la montaña y, cuando ya íbamos llegando, se desmayó para luego recuperarse. 

Aquello me hizo entender algo importante: un perro entusiasmado puede seguir caminando, corriendo o jugando aun cuando su cuerpo ya ha acumulado demasiado calor.

¿Son los perros más sensibles al calor que nosotros? 

La respuesta requiere un matiz: no necesariamente en todas las circunstancias, pero sí tienen una desventaja fisiológica importante para eliminar el exceso de calor.

Los seres humanos contamos con un sistema de enfriamiento muy eficiente. 

Podemos producir sudor en prácticamente toda la superficie de nuestra piel y, al evaporarse, eliminar grandes cantidades de calor.

Los perros no pueden hacerlo de la misma manera. 

Sudan principalmente a través de las almohadillas de las patas y dependen sobre todo del jadeo para eliminar calor. 

Mediante el paso rápido del aire y la evaporación de agua en las vías respiratorias consiguen enfriar su organismo. 

De hecho, estudios fisiológicos han demostrado que el jadeo constituye una de las principales vías de enfriamiento evaporativo del perro. (PubMed)

Esto funciona muy bien hasta cierto punto. 

Pero cuando hace mucho calor, existe humedad elevada o el perro realiza ejercicio intenso, la producción interna de calor puede superar su capacidad para eliminarlo.

Por eso, más que afirmar simplemente que los perros “aguantan menos calor” que los humanos, resulta más correcto decir que dependen de un sistema de enfriamiento más limitado y fundamentalmente respiratorio.

El ejercicio es especialmente importante. 

Un amplio estudio epidemiológico realizado en el Reino Unido encontró que determinadas características aumentaban el riesgo de enfermedad relacionada con el calor, entre ellas algunas razas braquicéfalas, un mayor peso corporal relativo y los perros de gran tamaño. (RVC)

Y hay otro dato particularmente interesante para quienes salimos a caminar o correr con nuestros perros.

Un estudio clínico de 54 perros que sufrieron golpe de calor encontró que 63% de los casos estuvieron relacionados con el ejercicio y 37% con la exposición ambiental al calor. El mismo trabajo documentó complicaciones graves como alteraciones de la coagulación e insuficiencia renal. (OUP Academic)

Esto significa que un perro que continúa corriendo detrás de una pelota, caminando por la montaña o jugando aparentemente feliz puede estar acercándose peligrosamente a su límite.

Algunas señales deben hacernos detener inmediatamente la actividad: jadeo excesivo, salivación abundante, respiración dificultosa, debilidad, desorientación, falta de coordinación, vómitos, diarrea o colapso.

En etapas avanzadas pueden presentarse convulsiones o pérdida de conciencia. (RVC)

El golpe de calor es una urgencia veterinaria.

Y aquí también ha cambiado una recomendación que durante muchos años se repetía. 

Actualmente se aconseja “enfriar primero y transportar después”. 

Es decir, empezar a bajar la temperatura del perro inmediatamente con agua que esté más fría que su cuerpo y favorecer el movimiento del aire con un ventilador, aire acondicionado o una corriente natural, mientras se contacta al veterinario. 

No hay que perder minutos valiosos esperando para comenzar a enfriarlo. (RVC)

Beny podría seguir jugando mucho tiempo. 

Pero precisamente por eso el que tiene que decidir cuándo parar soy yo.

Con temperaturas cada vez más altas, cuidar a nuestros perros también significa aprender a reconocer sus límites, evitar el ejercicio intenso durante las horas más calurosas, proporcionarles agua y sombra y, por supuesto, nunca dejarlos dentro de un automóvil.

Ellos no siempre saben cuándo detenerse. 

Nosotros sí debemos saberlo.
Referencias

Bruchim Y. et al. (2006). Heat Stroke in Dogs: A Retrospective Study of 54 Cases (1999–2004) and Analysis of Risk Factors for Death. Journal of Veterinary Internal Medicine, 20(1), 38–46.

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16496921/

Hall E.J., Carter A.J. & O’Neill D.G. (2020). Incidence and risk factors for heat-related illness (heatstroke) in UK dogs under primary veterinary care in 2016. Scientific Reports, 10, 9128.

https://www.nature.com/articles/s41598-020-66015-8

Goldberg M.B., Langman V.A. & Taylor C.R. (1981). Panting in dogs: paths of air flow in response to heat and exercise. Respiration Physiology, 43(3), 327–338.

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7280382/

Royal Veterinary College. Heatstroke in dogs and cats: prevention, symptoms and first aid.

https://www.rvc.ac.uk/small-animal-vet/teaching-and-research/fact-files/heatstroke-in-dogs-and-cats

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Alfonso Martínez Muñoz
Es doctor en Ciencias Agrarias por la Universidad de Gotinga, Alemania, y realizó un posdoctorado en el Colegio de Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Utah, en Estados Unidos. Cuenta además con una especialización en Gestión Ambiental Urbana e Industrial en Singapur. Ha desarrollado una amplia trayectoria como profesor-investigador, directivo universitario y funcionario público en los ámbitos federal y estatal. Actualmente se desempeña como Subsecretario de la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de Nuevo León. Participó en el diseño y la creación de la primera Secretaría de Medio Ambiente del estado y, desde su establecimiento, ha contribuido al desarrollo y la implementación de políticas públicas en materia de calidad del aire, acción climática, gestión integral del agua, biodiversidad, economía circular, gestión de residuos y restauración socioambiental.