Así no, Presidente

No puede el presidente Andrés Manuel López Obrador normalizar la pax narca.
Es inaceptable la ligereza de sus declaraciones avalando que cinco obispos, desesperados por la incompetencia y negligencia del gobierno, hayan establecido contacto con las organizaciones criminales que controlan Chilpancingo y la región de Tierra Caliente en Guerrero, para alcanzar una tregua que reduzca la violencia.
¿Las negociaciones entre carteles moderadas por obispos es pacificación del país, presidente?
— Mati Hund (@HundMati) February 15, 2024
¿La pax narca sustituye la autoridad del Estado?
Con razón estamos como estamos https://t.co/TuNxSFyfjX
Asume parcialmente la responsabilidad de su gobierno para proveer la seguridad, pero tolera que la política se mezcle con la delincuencia en ese estado y que la presencia de miles de militares sea ornamental.
No es nuevo que religiosos traten de persuadir a los cárteles de la droga de que paren su violencia y asesinatos.
Pero la sorpresa por el anuncio de los obispos de Guerrero este miércoles es que se da en el momento de un repunte dramático en la violencia, con asesinatos y disrupción de la vida cotidiana ante la mirada pasiva de López Obrador y la gobernadora Evelyn Salgado, que ha sido omisa en su responsabilidad.

Los obispos reconocieron que no tuvieron éxito, porque dos organizaciones criminales predominantes, Los Tlacos y La Familia Michoacana, están aferradas a mantener los territorios conquistados en Tierra Caliente, Taxco, Chilpancingo y Acapulco, pero como dijo a la prensa el obispo emérito Salvador Rangel:
"Vamos a seguir insistiendo con ellos para que se pacte una tregua y la paz en Guerrero".
