Aún están a tiempo

Desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador destapó, en el primer tercio de su gobierno, a sus “corcholatas” favoritas para la sucesión presidencial, una gran parte de la opinión pública asumió prácticamente de inmediato que su simple inclusión en la lista del patriarca los convertía en los más capaces, poderosos y casi invencibles suspirantes.
Las “cualidades” no se hicieron esperar y MORENA, fiel a su costumbre de violar la ley, inició las campañas anticipadas.
De pronto vimos a estos personajes aparecer en todos los foros -menos en los que corresponden a sus encargos-, orgullosos de ser los “elegidos” de su pastor.
¿Cómo no ser fuertes, si todos los recursos humanos, financieros, tecnológicos, políticos, de comunicación y territoriales del gobierno federal se encuentran al servicio del partido político oficial, cuya coordinación general está a cargo del presidente de la República?
¿La selección de los perfiles morenistas son producto de su capacidad, inteligencia, responsabilidad, trayectoria pública o ética profesional? La respuesta, a la luz de los datos oficiales, evidentemente es NO.
Su posible postulación obedece única y exclusivamente a la voluntad de un sólo hombre que prioriza para estos propósitos:


