Avances y retos en bienestar animal

Hoy existe una mayor conciencia de que son seres sintientes, que deben recibir un trato digno y que el maltrato y el abandono son conductas que no podemos tolerar.
Durante la presente administración estatal se han dado pasos significativos.
Uno de los más visibles es la reducción perceptible de la venta ilegal de mascotas en la vía pública.
Antes era común observar, de manera abierta y prácticamente normalizada, la venta de cachorros en distintos puntos del área metropolitana, como la Carretera Nacional o la calle Morelos, en el centro de Monterrey.
Aunque sería incorrecto afirmar que el problema ha desaparecido por completo, hoy esa práctica se observa con mucha menor frecuencia y ya no ocurre con la misma impunidad.
Además, se han clausurado diversos criaderos ilegales que operaban en condiciones incompatibles con el bienestar animal.
También se modificó el reglamento de la Ley estatal de bienestar animal, restringiendo la comercialización de perros y gatos provenientes de criaderos en establecimientos dedicados a su venta, buscando así reducir la reproducción indiscriminada y privilegiar esquemas de adopción y tenencia responsable.
En este periodo crecieron de manera sustancial las acciones de inspección, vigilancia y rescate en materia de bienestar animal, y se incrementaron las sanciones por maltrato.
Otro avance importante fue que, a iniciativa del Estado, se impulsó la transformación de los centros municipales de control canino y felino en centros de bienestar animal.
Este cambio no es solo de nombre: hoy obliga a los municipios a contar con programas permanentes de adopción, esterilización y promoción del bienestar, y ha permitido reducir considerablemente el número de animales sacrificados como mecanismo de control poblacional.
A ello se suma la construcción y puesta en operación del Centro Estatal de Atención Animal, que permitió al Estado contar finalmente con una infraestructura especializada para recibir, atender y proteger animales rescatados, fomentando además su adopción.
Estos cambios son relevantes porque muestran que la protección y el bienestar animal dejaron de ser un tema marginal para convertirse en una responsabilidad pública atendida por profesionales.
Aunque hemos avanzado, es momento de consolidar lo logrado.
Aún enfrentamos a mi juicio sobre todo tres grandes retos.
El primero es encontrar el equilibrio adecuado entre bienestar animal y salud pública.
La transformación de los centros en centros de bienestar es, sin duda, una excelente noticia.
Sin embargo, plantea un nuevo desafío.
Si disminuye el sacrificio, pero esa reducción no va acompañada de una estrategia suficientemente amplia y eficiente de esterilización, adopción, identificación y control de los animales que deambulan libremente, es razonable pensar que el número de perros y gatos presentes en las calles puede haber aumentado.
Este incremento puede aumentar los riesgos sobre la salud pública.
Las enfermedades transmitidas por garrapatas como la rickettsiosis, en cuyo ciclo los perros pueden desempeñar un papel importante, representan uno de los ejemplos más preocupantes, sobre todo en zonas con grandes poblaciones de perros sin atención veterinaria ni control de ectoparásitos.
A ello se suman riesgos asociados a heces en vía pública, mordeduras y accidentes.
Por ello, desde el Estado hemos venido fortaleciendo, en coordinación con los municipios, las jornadas de esterilización, vacunación y desparasitación, pero ambos objetivos -bienestar animal y salud pública- deben seguir caminando juntos
El segundo reto es ciudadano.
El tema de fondo no es simplemente incrementar las sanciones o rescatar cada vez más animales, sino modificar la conciencia y la conducta de las personas.
Ningún centro de bienestar, por grande que sea, puede compensar la irresponsabilidad de abandonar un animal cuando envejece, enferma o deja de resultar conveniente.

