Ayotzinapa: malestar militar

Un alto funcionario civil del gobierno del presidente López Obrador fue lacónico: “Les llegó la realidad”.
Dijo, refiriéndose a 20 mandos militares y tropas en Guerrero, durante la desaparición y secuela del crimen de los 43 normalistas de Ayotzinapa, a quienes les giraron órdenes de aprehensión.
La notificación que hizo la Fiscalía General de la República a la Secretaría de la Defensa Nacional requiriendo a esos elementos fue seguida de la afirmación, temprano, del Presidente de que no encubriría a las Fuerzas Armadas, porque ello no iba en su beneficio, sino las manchaba.
En Lomas de Sotelo, trascendió, no lo vieron tan filosóficamente.
“Están que trinan”.
Describió el funcionario. Debían de haberlo visto venir.
- Con los señalamientos directos a mandos militares y tropa en el informe preliminar que dio a conocer la semana pasada la comisión presidencial.
- Con la actitud del Presidente en la mañanera del lunes, donde él mismo buscó a la muy buena reportera de Proceso, Dalila Escobar, para que fuera ella quien le hiciera las preguntas duras que le permitirían fijar su posición sobre las Fuerzas Armadas.
López Obrador les ha dado zanahorias, pero ahora llegó el turno del garrote.
Regresaron súbitamente a la postura histórica de López Obrador contra el Ejército. Se puede decir, bienvenidos a la realidad.
El informe dado a conocer el jueves por el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, en Palacio Nacional, no tiene aspectos novedosos a lo que presentó el exprocurador Jesús Murillo Karam, cuando declaró “la verdad histórica” –que es un término jurídico–, y menos aun en la exhaustiva investigación de la vieja Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

