Buenas noticias para nuestras arterias

A pesar de llevar más de siete años con una dieta vegana, me diagnosticaron niveles elevados de colesterol “malo”.
Como sabemos, el colesterol “malo” elevado favorece el endurecimiento y estrechamiento de las arterias, lo que dificulta la circulación de la sangre y aumenta el riesgo de infartos, embolias y daño a distintos órganos.
Mi cardiólogo me recetó estatinas.
Confieso que al inicio reaccioné con resistencia.
Me preocupaban los posibles efectos secundarios y pensé que quizá bastaba con cambiar algunos hábitos y ajustar aún más mi alimentación.
Además, he visto casos de personas que confían solo en los medicamentos y descuidan su estilo de vida, hasta que llega un punto en el que ni siquiera estos funcionan.
Por eso considero una buena noticia lo que se publicó el pasado 5 de febrero en The Lancet, una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo.
Un nuevo estudio demuestra que las estatinas tienen muchos menos efectos secundarios de lo que tradicionalmente se pensaba, al grado de que los autores recomiendan modificar sus etiquetas informativas.
La publicación puede consultarse en:
https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(25)01578-8/fulltext
El análisis incluyó datos individuales de más de 154 mil participantes en 23 ensayos clínicos.
Se evaluaron 66 posibles efectos adversos atribuidos a estos medicamentos.
Los resultados muestran que, además de los ya conocidos —como molestias musculares y un aumento moderado del riesgo de diabetes—, solo cuatro efectos presentaron un incremento estadísticamente significativo:
Elevación de enzimas hepáticas, alteraciones leves en pruebas de función del hígado, cambios en la composición urinaria y edema.
En todos los casos, el aumento del riesgo fue muy pequeño, inferior a 0.1 % anual, y las alteraciones hepáticas se asociaron principalmente a dosis altas.
Más aún, no se encontró evidencia de una relación causal entre las estatinas y muchos de los efectos que suelen generar temor:
Deterioro cognitivo, depresión, trastornos del sueño, disfunción sexual, neuropatía periférica, daño renal o enfermedad pulmonar intersticial.
Este hallazgo no es menor para México.
Estimaciones basadas en encuestas nacionales indican que alrededor del 30 a 31% de los adultos presentan colesterol elevado cuando se les mide clínicamente.
A ello habría que sumar a quienes no han sido diagnosticados, por eso quise compartir esta información.
Puede ser útil para quienes, como yo, han sentido incertidumbre ante el inicio de un tratamiento.
En mi caso, combinar el medicamento con cambios en mis hábitos permitió reducir la dosis.
La lección es clara.
No se trata de elegir entre fármacos o estilo de vida.
Se trata de usar la mejor evidencia disponible, escuchar a nuestro médico y asumir la responsabilidad personal de cuidar nuestra salud.
