Opinión

Trabajando por cacahuates

Gabriel Contreras DETONA® El guitarrista de rock en el México actual se halla expuesto a grandes riesgos de precarización y subempleo.

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Por Gabriel Contreras
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Y aunque la fama pareciera representar una coraza contra estas situaciones, es posible que las dimensiones de los problemas sean mayores que el prestigio acumulado. 

El caso de Alejandro Marcovich, guitarrista fundador de Caifanes, nos deja pensativos en este sentido. 

Su carrera, veamos, fue debilitada por la ruptura con ese grupo, y su trabajo aportado a la banda fue prácticamente confiscado por sus excompañeros, de modo que ni los arreglos ni el estilo le significaron ninguna ganancia al separarse de Caifanes. 

Por razones que solo los especialistas podrían explicar, los arreglos y el estilo no admiten registro legal, y por tanto no generan regalías en Mexico, de modo que en el caso de Marcovich -pensemos en  la negra Tomasa, por ejemplo- no pudo ni cobrar ni obtener nada por su aporte (el arreglo) y… ok, pues el prestigio en sí mismo no vale nada. 

Claro, en  otras culturas (británica o norteamericana, por ejemplo), la música tiene un valor económico que puede debatirse ante un tribunal, convertirse en un caso y exigir una solución jurídica. 

Pero en México eso no ocurre y quizás ni siquiera es posible. 

En México todo en la música pareciera ser mercado informal, parecido a los tacos a vapor o a las garnachas. 

En México hacer música es un poco  lo que los Beatles llamaban “working for peanuts”.