Dos años de dolor y silencio

Pero también se cayó la confianza, la tranquilidad y la vida normal de cientos de personas que aquella noche solo fueron a escuchar propuestas políticas y terminaron atrapadas entre fierros, gritos, polvo y desesperación.
El accidente en el cierre de campaña de Movimiento Ciudadano dejó muertos, heridos y una herida emocional que ni el tiempo ni los discursos han podido reparar.
Porque mientras algunos funcionarios siguieron con sus agendas, hubo personas que jamás volvieron a caminar igual, otras que todavía siguen en terapias físicas y psicológicas, y muchas más que viven con ansiedad, miedo a las multitudes o simplemente con el recuerdo clavado en la cabeza cada vez que escuchan una bocina fuerte o ven una estructura metálica.
Qué fácil fue para algunos decir “fue el viento”.
- Como si el viento firmara permisos.
- Como si el viento organizara eventos.
- Como si el viento cargara con la responsabilidad.
Dos años después, todavía hay quienes despiertan con dolor en la espalda, en las piernas o en el alma.
Hay familias que siguen gastando en tratamientos, medicinas y terapias mientras el tema se fue apagando en los titulares, porque así funciona muchas veces la política, pasa la tragedia, salen las cámaras, prometen apoyo… y luego el silencio.



