Carta abierta a la presidenta Sheinbaum

Fernando Belaunzarán DETONA® Le escribo a la presidenta Claudia Sheinbaum para pedirle que intervenga ante lo que considero una terrible injusticia contra Ernesto Ruffo. Mi llamado es claro: que se respete su presunción de inocencia, se revisen las condiciones de su encarcelamiento y se haga justicia ante lo que denuncio como una persecución política y un abuso de poder.

Por Fernando Belaunzarán
Fernando Belaunzaran
Foto: Gobierno de México
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Presidenta Claudia Sheinbaum:

Te escribo porque está en ti detener una terrible injusticia, de esas que no tolerábamos cuando éramos activistas del Consejo Estudiantil Universitario. 

Nos indignaba la existencia de presos políticos, lo denunciábamos y exigíamos su libertad; era un grito obligado en las manifestaciones. Hoy muchos gritamos que liberes a Ernesto Ruffo.

La vida es caprichosa y sus caminos intrincados. 

Ahora tú estás al frente del país como titular del Poder Ejecutivo y yo fui incluido en la lista negra que presentó Luisa Alcalde, consejera jurídica de la presidencia y otrora compañera de legislatura. 

Pero, a pesar de la perniciosa polarización y nuestras claras diferencias, me atrevo a apelar a aquellas viejas convicciones que en ese tiempo compartimos porque un inocente está padeciendo la saña del Estado.

Como bien sabes, la liberación de los presos políticos estaba en el pliego petitorio del Consejo Nacional de Huelga de 1968 y un gobierno arrogante y autoritario los reprimió salvajemente, encarcelando a sus líderes y a algunos académicos solidarios. 

Ese movimiento que marcó al país era el espejo en el que nos queríamos reconocer y, por lo mismo, me desconcierta e indigna la fabricación de delitos a Ruffo, que conculquen su presunción de inocencia y que lo confinen a una prisión de alta seguridad

En esto último resultaron peor que Díaz Ordaz.

A la cárcel de Lecumberri se le conocía como El Palacio Negro, pero las condiciones eran mucho más amables para los reclusos y sus familias que los visitaban que las que hoy existen en el Altiplano

Ernesto Ruffo no está condenado, carece de antecedentes penales y siempre ha sido ajeno a la violencia, es un abuso injustificable que lo traten como si fuera un peligroso criminal.

Además, Ernesto tiene 74 años y problemas de salud

José Revueltas tenía 54 años cuando lo apresaron, Elí de Gortari 50 y Heberto Castillo estaba por cumplir 41. 

Por cierto, Laura Itzel Castillo acaba de publicar una foto visitando en Lecumberri a su papá, siendo niña en compañía de sus hermanos.

Ahí Elena Poniatowska pudo entrevistar a los líderes del 68 para su libro La noche de Tlatelolco y recibir el manuscrito de Luis González de Alba, Los días y los años, el mejor texto del movimiento estudiantil. Ruffo, en cambio, está prácticamente incomunicado, con 20 horas al día de soledad absoluta

Visitarlo es un viacrucis vivencial y burocrático hasta para sus abogados e incluso le han impedido entregar cartas personales a sus visitas.

Después de tantos años, lo menos que nos debemos es franqueza. Ernesto Ruffo está en prisión porque, al igual que en 1968, el sistema de justicia es controlado desde el poder político

Ernestina Godoy es fundadora de Morena y desde que era fiscal de la CDMX fabrica culpables y espía a la oposición, tal y como quedó acreditado con el caso de Alejandra Cuevas y el conocido reportaje del New York Times. 

En lugar de rendir cuentas por esos y otros asuntos facciosos, la ascendieron.

Fernando Belaunzarán
Filósofo por la UNAM, exdiputado federal y analista de la vida pública, con una trayectoria marcada por la defensa de las libertades civiles, el pluralismo democrático y el Estado de derecho.