Cancelación y censura

Por una parte de los gobiernos populistas que identifican a medios y periodistas independientes como opositores y usan el poder del Estado para amedrentarlos e incluso cerrar espacios a voces incómodas; por otra la del activismo intolerante con ideas que le parecen moralmente inadmisibles y que, por lo mismo, las quiere acallar y extirpar de la sociedad, recurriendo al estigma y la presión social.
Ambos fenómenos se dan en México.
Los lineamientos anunciados como supuesta protección de las audiencias apuntalarán mecanismos institucionales para presionar concesionarios desde el gobierno, buscando persuadiros de autocensurarse por conveniencia y hasta por sobrevivencia.
La histeria digital, demandando bajar un polémico texto de Ezra Shabot del portal de Nexos, en el cual se niega el carácter de genocidio a los ataques y ocupación militar de Gaza por parte del Ejército israelí, mostró extendidos ánimos de cancelación.
No son tendencias ajenas entre sí, abrevan de la polarización que ellas mismas alientan. Además, la conferencia mañanera promueve el escarnio de periodistas de manera cotidiana, el cual es replicado por voceros, troles y bots oficialistas.
Más aun, el gobierno recurre a la cultura de la cancelación para acosar no solo informadores, cualquier voz disidente es objeto de hostilidad digital, algo que no es espontáneo ni fortuito; es parte de la política de comunicación del régimen.
Por eso las cuentas oficialistas están organizadas para hostigar masiva y sincronizadamente a quienes son señalados en Palacio Nacional o, en su defecto, a los que les indiquen desde la cima de la estructura vertical de propaganda que, de cualquier manera, está ligada al gobierno.
De ahí que no sea extraño que se hayan sumado con mucha fuerza a la exigencia, dirigida a Nexos, de bajar el texto de Shabot, pues éste es un conocido crítico del obradorato.
Por fortuna, la revista no hizo caso del clamor censor, avivado desde el poder, y mantuvo el texto en su portal no obstante el melodrama de quienes pedían que sus textos fueran bajados en protesta. Eso sí, Nexos hizo la concesión de agregar debajo del encabezado una leyenda en la que advertía que las opiniones ahí vertidas eran responsabilidad del autor, algo que es sabido de antemano y que no tienen los demás escritos publicados.


