La CIA y el fraude patriótico

Por eso la reacción nacionalista no espara convocar a la unidad frente a la intervención extranjera sino para polarizar internamente, estigmatizando al rival político.
El obradorato se muestra moderado hacia Estados Unidos y sus agencias, pero amenazante contra una gobernadora de oposición, cuyo cargo se renovará el próximo año.
Reciclan el guión electoral del populismo bolivariano: autonombrados patriotas que dicen representar al pueblo arremeten contra los que acusan de someterse a los intereses del imperialismo.
Resabio de la Guerra Fría al que recurren porque el rechazo a la injerencia norteamericana tiene hondas raíces en la historia de América Latina y les permite presentar a sus adversarios como enemigos respaldados por fuerzas oscuras y poderosas a los que es preciso derrotar de cualquier forma.
La impostura no podría ser mayor ni más perniciosa.
Hay un antecedente funesto que marcó la vida de Chihuahua.
En 1986, el régimen de partido de Estado -parecido al que ahora tenemos- le robó la elección a Francisco Barrio, candidato del PAN a la gubernatura.
El entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, operó lo que llamaron cínicamente “fraude patriótico”.
Ante la ejemplar lucha cívica de los chihuahuenses en defensa del voto, justificaron el atraco asegurando que una administración panista en la frontera facilitaría la intervención de los vecinos del norte.
Cuatro décadas después desempolvan los mismos señalamientos de cara a la elección de Estado que se avecina.
La actual captura de las autoridades electorales ha lastimado gravemente la certeza en los comicios y sus resultados.
Otro déjàvu.
Según información oficial, el laboratorio clandestino desmantelado en El Pinal, comunidad de la Sierra Tarahumara, era todo un complejo industrial para sintetizar drogas ilegales.
Pero más allá del tamaño que, en este caso, sí importa, se han realizado operativos muy similares en otros estados del país, los cuales también tuvieron como origen información de inteligencia proporcionada por EEUU.
Difícil pensar que en esos otros casos no hubiera personal de agencias norteamericanas monitoreando en el terreno la destrucción de lo que ellos informaron.
Su presencia es confidencial y si ahora nos enteramos fue por el lamentable accidente en el que perdieron la vida cuatro agentes, dos mexicanos y dos estadounidenses, presuntamente de la CIA.
El celo nacionalista del gobierno federal y su reproche por el incumplimiento de la ley en los bueyes del compadre opositor se revierten al chocar con la realidad.
Entregaron 92 capos mexicanos sin juicio de extradición, lo cual viola derechos constitucionales.
La CIA realiza vuelos espías sobre el territorio nacional, algo que primero negaron y luego tuvieron que reconocer después de que la agencia lo informara al Congreso de EEUU.
Todo eso lo justificaron por la apremiante necesidad de enfrentar a organizaciones criminales, asegurando que se trata de “colaboración, no subordinación”.



