Quién manda aquí… por ahora

El primer round en el Consejo Nacional de Morena lo ganaron los duros.
Cambiaron las reglas, los tiempos, el método de selección y hasta la dirigencia.
Todo en la opacidad, porque las resoluciones no se tomaron este sábado, sino durante cuatro consejos consultivos realizados de manera virtual –sin darlos a conocer públicamente–, donde se hicieron las negociaciones.
Hay cosas que se verán en las próximas semanas, y otras hasta finales de septiembre, en vísperas de que arranque oficialmente el proceso electoral de 2027.
Está arreglado que habrá un nuevo presidente de Morena, que vendrá del norte, y un ajuste en la Secretaría de Organización, de donde saldrá Andrés Manuel López Beltrán, que no pesa nada pero que genera respeto por el apellido y la sangre, por una puerta de salida que no sea indignante.
No quiere nadie lastimar al cacique de Palenque, sobre todo porque en este juego de ajedrez se comió a los peones y ha puesto en jaque al poder formal.
No fue casualidad ni nostalgia que el Consejo cerrara con el viejo reconocimiento de “es un honor estar con Obrador”.
En este primer round hubo sorpresas para quienes fueron excluidos de las negociaciones cupulares, en las que se decidió que el piso no iba a estar parejo.
El Consejo Nacional dejó fuera a los consejeros estatales, pero permitió que las fuerzas de poder real, aunque su combustible venga del expresidente Andrés Manuel López Obrador, mostraran su músculo.
De esta manera, los senadores Adán Augusto López y Alejandro Esquer llegaron con una decena de invitados, camaradas de la misma cámara a quienes, al menos la mayoría de ellos, quieren llevar a candidaturas para gubernaturas.
Uno de los cambios más relevantes fue en los tiempos.
Originalmente se había acordado que durante los meses previos al Mundial se iba a poner a competir a los varios participantes que buscan candidaturas a gobiernos estatales, para que en junio tuvieran dos finalistas.
En el entendido de que había militantes que habían empezado con gran antelación su precampaña y llegarían con un alto posicionamiento de nombre, pero dejando abierta la puerta para que quienes hubieran respetado las reglas y no se hubieran movido pudieran entrar como segundo lugar y apretar el paso –o sea, inyectar recursos para darse a conocer–, para decidir entre las dos precandidaturas a quien resultara ganador.
Este diseño permitiría a los estrategas de las precandidaturas propuestas por la presidenta Claudia Sheinbaum, que como característica no son a quienes más conocen sus electorados, a disponer de mayor tiempo para que su victoria fuera verosímil y creíble.
Como respaldo de estas precandidaturas se tendrían las encuestas, siguiendo el modelo donde se mide solo a la militancia, pero en las secciones donde se les indicara, para garantizar el resultado.
Ese modelo, que es tramposo, permitió que Sheinbaum arrasara en la lucha por la candidatura presidencial y que Ricardo Monreal resultara apaleado y humillado en el último lugar.
Se encuestaba donde estaba fuerte la candidatura que querían que ganara, mediante una movilización de cuadros morenistas incentivados por los programas sociales y una campaña previa de posicionamiento de nombre, excluyendo de la medición los puntos donde no se hubieran construido las condiciones para ello.
Esto ya no será.
Los tiempos cambiaron y la selección de coordinadores estatales, de donde saldrán “quienes defiendan la ‘Cuarta Transformación’” como candidatos o candidatas a las gubernaturas, será decidida el 22 de junio, de acuerdo con la nueva calendarización.
Las reglas también se modificaron, no solo porque no llegarán dos en la depuración pre-mundialista, sino porque la encuesta definitiva se abrió a seis, con lo que quienes no tengan un gran reconocimiento de nombre quedarán atomizados con los otros cuatro en esas listas.


