Cambio climático, alimentación y salud metabólica
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Por ello, preparé esta versión para todo público de una de las secciones centrales de la conferencia:
La relación entre cambio climático, alimentación y salud.
1. El impacto directo en nuestro organismo
Cuando pensamos en cambio climático, generalmente imaginamos sequías, incendios forestales, huracanes, escasez de agua o aumento del nivel del mar.
Sin embargo, sus consecuencias también llegan directamente a nuestro organismo y pueden agravar enfermedades tan comunes como la obesidad, la diabetes, la hipertensión y los padecimientos cardiovasculares.
Uno de los ejemplos más claros es el calor extremo, cuyos efectos no son iguales para todas las personas:
- Población vulnerable: Quienes viven con diabetes, obesidad o enfermedades cardiovasculares y renales suelen tener mayores dificultades para disipar el calor y mantener una hidratación adecuada.
- Mecanismos biológicos: La diabetes puede afectar la circulación, la sudoración y la regulación de la temperatura corporal, la hiperglucemia —el exceso de glucosa en la sangre— favorece la pérdida de agua, mientras que la obesidad dificulta la liberación del calor acumulado en el organismo.
Una de las investigaciones que presentaré encontró que los adultos con diabetes tuvieron un 52% más riesgo de sufrir un golpe de calor que las personas sin esta enfermedad.
El mensaje es relevante:
Los trastornos metabólicos no solo afectan la salud cotidiana, sino que también pueden aumentar nuestra vulnerabilidad ante un clima cada vez más extremo.
2. Una relación en ambos sentidos
El cambio climático puede perjudicar nuestra salud y, a su vez, la manera en que producimos y consumimos alimentos contribuye al calentamiento del planeta.
De acuerdo con la FAO, los sistemas agroalimentarios generaron en 2023 alrededor del 32% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero producidas por las actividades humanas.
Esto significa que cerca de una de cada tres toneladas de emisiones está relacionada con la forma en que producimos, procesamos, transportamos, refrigeramos, comercializamos, consumimos y desperdiciamos los alimentos.
Además, no todos los productos tienen la misma huella climática. En una de las láminas compararé las emisiones promedio generadas durante el ciclo de vida de diferentes alimentos:
- Carne de res: La producción de un kilogramo puede generar, en promedio mundial, cerca de 100 kilogramos de dióxido de carbono equivalente (CO_2e).
- Pollo: Alrededor de 10 kg de CO_2e por kilogramo.
- Tofu: Poco más de 3 kg de CO_2e por kilogramo.
- Papa: Menos de medio kilogramo de CO_2e por kilogramo.
Estas cifras varían de acuerdo con el país, el sistema productivo, el uso de suelo, el transporte y el desperdicio.
Aun así, la diferencia general es contundente:
Los alimentos provenientes de animales rumiantes suelen tener una huella climática considerablemente mayor que los cereales, las frutas, las verduras y las leguminosas.

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