Sheinbaum y Trump, horas difíciles

La relación en materia de seguridad entre México y Estados Unidos pasa por un momento muy difícil.
Quizás es el más crítico que ha tenido la presidenta Claudia Sheinbaum con el presidente Donald Trump.
Se vive la escalada más agresiva desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero del año pasado, ocasionada por un quiebre en la dinámica de la colaboración bilateral y un retroceso en la forma en que estaban trabajando.
Públicamente, Sheinbaum repite que la colaboración está funcionando en buenos términos, y Trump sigue disfrazando la molestia con palabras dulces para la presidenta.
Sin embargo, la turbulencia que se vive no se puede ocultar.
Es pública, secuencial, y cada vez más frecuente la forma en que Estados Unidos está cerrando espacios con acciones y con un discurso que parece el mismo –por lo que no se está escuchando en su justa dimensión–.
Pero que está teniendo una alza inquietante, sobre todo si se puede establecer que esta crisis en proceso coincidió con las designaciones de las precandidaturas de Morena a las gubernaturas, en donde al menos cinco de las electas y electos tienen investigaciones abiertas en Estados Unidos o en México, por presuntos vínculos con los cárteles de las drogas.
El momento que puede establecerse como el inicio de la actual situación es la conversación telefónica entre Sheinbaum y Trump del 16 de septiembre, un día después de que se anunció la designación de Julieta Ramírez como precandidata al gobierno de Baja California, en el contexto de la revelación en N+ de que había firmado un proffer con el Departamento de Justicia, que es un documento entre fiscales y una persona que se encuentra involucrada, como actor o testigo, en una investigación criminal, para compartir información.
La llamada había sido mantenida en secreto por Sheinbaum, que siempre las había presumido como muestra de su buena relación con Trump, pero el periódico digital estadounidense Político la dio a conocer y afirmó que habían hablado de seguridad.
Sheinbaum se limitó a decir que conversaron únicamente sobre la negociación del acuerdo comercial.
Lo que ha trascendido es algo mayúsculo frente a lo que admitió la presidenta.
Ella había pedido la conversación preocupada por la demora de la negociación, cuya conclusión positiva ve que sería importante para que llegaran inversiones que aliviaran su problema de flujo de recursos.
No salió como había esperado.
Trump le planteó que quería activos de Pemex –como lo ha logrado con Argentina y Venezuela– como parte de la contraprestación por firmar el acuerdo, a lo que se negó Sheinbaum.
Pero también le reclamó por la inacción contra los narcopolíticos, lo cual la enfureció.


