Manejo de crisis: Cuándo gobernar significa responder ante lo inesperado

Miguel Botello DETONA® “Las crisis no construyen el carácter de un gobernante; lo ponen al descubierto.”

Por Miguel Botello
Miguel Botello
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En la entrega anterior hablamos de inteligencia emocional y de la importancia de mantener el equilibrio cuando aparecen la presión, la crítica y la adversidad.

Hoy damos un paso más, porque existen momentos en los que todas esas capacidades dejan de ser conceptos y tienen que demostrarse en cuestión de horas.

Las crisis, todo gobierno las enfrentará.

Algunas pueden anticiparse.

Otras aparecerán sin previo aviso.

Pueden surgir por un desastre natural, una emergencia sanitaria, una crisis de seguridad, una falla de infraestructura, un problema financiero, un conflicto social o cualquier acontecimiento capaz de alterar repentinamente la vida cotidiana de miles de personas.

Nuevo León conoce bien ese tipo de circunstancias.

Por eso, al evaluar a quien aspira a gobernarlo, deberíamos hacernos una pregunta fundamental: ¿Cómo respondería esta persona cuando ocurra algo que nadie tenía previsto?

Porque gobernar en condiciones normales es una cosa.

Hacerlo cuando el tiempo se reduce, la información es incompleta, aumenta la presión y cada minuto puede tener consecuencias es algo completamente distinto.

Aquí comienza el verdadero manejo de crisis.

Una crisis rompe rutinas, modifica prioridades, pone bajo presión a las instituciones, multiplica la demanda de información y genera incertidumbre entre los ciudadanos.

También coloca al gobernante frente a decisiones que muchas veces tendrá que tomar sin disponer de todos los elementos que quisiera tener.

Esperar hasta contar con información perfecta puede significar actuar demasiado tarde.

Decidir precipitadamente también puede agravar el problema.

La diferencia está en saber identificar qué se conoce, lo que falta por conocer, cuáles son los riesgos y, sobre todo, qué decisiones ya no pueden esperar.

Por eso manejar una crisis exige mucho más que reaccionar rápidamente. Exige método. El primer paso consiste en comprender lo que realmente está ocurriendo. Parece evidente, pero no siempre sucede.

Cuando aparece una emergencia, las primeras versiones suelen ser incompletas e incluso contradictorias.

Un gobernante incapaz de distinguir entre información confirmada, estimaciones y rumores corre el riesgo de tomar decisiones sobre una realidad que quizá ni siquiera existe.

Antes de comunicar certezas hay que tenerlas.

Pero antes de tener todas las certezas, muchas veces habrá que actuar.

Ésa es una de las paradojas más difíciles de gobernar.

Después viene algo igualmente importante: establecer prioridades.

En una crisis no todo puede atenderse simultáneamente.

Dependiendo de las circunstancias habrá que proteger vidas, restablecer servicios, garantizar seguridad, movilizar recursos, coordinar instituciones e informar a la población.

Cada emergencia impondrá su propio orden.

La responsabilidad de quien gobierna consiste en distinguir lo urgente de lo importante y evitar que la presión política, mediática o personal termine sustituyendo al criterio técnico.

Aquí reaparece una competencia que ya analizamos en esta serie: la capacidad para decidir.

Pero ahora bajo condiciones mucho más difíciles.

En circunstancias ordinarias, una decisión puede analizarse durante días o semanas.

En una emergencia quizá solamente existan minutos.

Y es entonces cuando descubrimos por qué la preparación previa resulta tan importante.

Los buenos gobiernos no comienzan a organizarse cuando llega la crisis.

Se preparan antes.

Identifican riesgos, construyen protocolos, definen responsabilidades, realizan ejercicios, establecen mecanismos de coordinación y procuran que cada institución sepa qué debe hacer cuando las circunstancias dejan de ser normales.

La improvisación puede ser inevitable frente a lo verdaderamente imprevisible.

La falta de preparación nunca debería serlo.

Existe además otro componente fundamental: la coordinación.

Las crisis rara vez pertenecen a una sola dependencia.

Una emergencia puede requerir simultáneamente la participación de seguridad, protección civil, salud, movilidad, infraestructura, comunicación y finanzas, además de una coordinación efectiva con municipios y autoridades federales.

Es precisamente en esos momentos cuando descubrimos si existe realmente un gobierno coordinado o simplemente un conjunto de oficinas que comparten un organigrama.

Un gobernador que pretende dirigir personalmente cada operación incluso puede terminar convirtiéndose en un obstáculo.

Su función no es sustituir a los especialistas.

Es lograr que los especialistas trabajen coordinadamente, cuenten con los recursos necesarios, conozcan las prioridades y tengan capacidad para actuar.

Aquí vuelve a aparecer la importancia de formar buenos equipos.

Durante una crisis no hay tiempo para descubrir quién sabe hacer su trabajo.

Eso debió resolverse antes.

También se pone a prueba el liderazgo.

Porque en momentos de incertidumbre la sociedad necesita dirección.

  • No espectáculo.
  • No protagonismo.
  • Dirección.

Un gobernante debe transmitir serenidad sin minimizar la gravedad de lo que ocurre, reconocer la incertidumbre sin generar pánico y comunicar sus decisiones con suficiente claridad para que la sociedad comprenda qué está sucediendo, qué está haciendo la autoridad y qué se espera de los ciudadanos.

La comunicación merece especial atención.

Existe una tentación frecuente en política: comunicar únicamente aquello que resulta favorable.

Durante una emergencia esa conducta puede resultar profundamente dañina.

Cuando las personas perciben contradicciones, información incompleta o intentos por minimizar u ocultar la magnitud de un problema, la confianza comienza a deteriorarse.

Y sin confianza resulta mucho más difícil conducir una crisis.

Decir la verdad no significa alarmar.

Significa comunicar con responsabilidad: explicar lo que sabemos, reconocer aquello que todavía desconocemos, informar qué se está haciendo y actualizar la información conforme cambian las circunstancias.

  • En una emergencia, la credibilidad también se convierte en un recurso de gobierno.
  • Existe además una dimensión humana que nunca deberíamos perder de vista.
  • Detrás de cualquier crisis hay personas.
  • Familias que pueden perder su patrimonio.
  • Trabajadores que pueden perder su ingreso.
  • Empresas cuya continuidad puede estar en riesgo.
  • Personas que sienten miedo, incertidumbre o desesperación.
  • Por eso la respuesta institucional debe combinar capacidad técnica con sensibilidad.
Miguel Botello
Miguel Horacio Botello Treviño nace en Monterrey, N.L., el 4 de enero de 1967. Obtuvo el título profesional de Licenciado en Economía y el grado de Maestro en Ciencias Administrativas, con especialidad en Finanzas, en el ITESM Campus Monterrey. En la Universidad Autónoma de Nuevo León es pasante de la Maestría en Administración Pública, con especialidad en Finanzas Públicas. Su formación académica se ha complementado con diversos cursos tomados en instituciones especializadas nacionales e internacionales en rubros como Finanzas, Gestión de Calidad, Aplicación de Políticas Públicas, Seguridad en Instituciones Educativas y otros. Trayectoria Profesional: El Mtro. Botello se ha desarrollado profesionalmente los últimos 13 años en la Administración y el Servicio Público, de mayo de 2024 a la fecha como consultor y asesor en asuntos de gobierno, políticas públicas y de relaciones interinstitucionales en los tres niveles de gobierno: Federal, Estatal y Municipal. En el Estado de Nuevo León colaboró de noviembre de 2021 a abril de 2024 como Director de Planeación y Evaluación en el CONALEP en Nuevo León; como Consultor independiente en relaciones con Gobierno de febrero 2020 a octubre de 2021; en el Gobierno Federal de diciembre de 2017 y hasta finales de enero de 2020 colaborando en la Autoridad Federal para el Desarrollo de las Zonas Económicas Especiales/Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec en donde tuvo el cargo de Director General de Permisos, Asignaciones y Autorizaciones; adicionalmente coordinó los esfuerzos en materia de Seguridad Pública por parte de la Autoridad Federal con los tres niveles de gobierno, participando activamente en los grupos de coordinación operativa en los Estados definidos como Zona Económica (Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán). En términos de la coordinación también destaca la activa gestión y negociación con la SEGOB y la SEMAR para lograr consensos que permitieran una mejor distribución de recursos en materia de seguridad para las Zonas Económicas Especiales. Anteriormente, en el período de 2011-2016 colaboró como Secretario Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública en el Gobierno del Estado de Oaxaca encabezado por el Gobernador Gabino Cué Monteagudo. Entre sus aportaciones destacan: liderazgo y habilidad estratégica en negociaciones de alto nivel en Seguridad Pública, Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, resolución de conflictos, ejecución y seguimiento de acuerdos del Consejo Estatal de Seguridad Pública, coordinación de estudios especializados, supervisión de cumplimiento de protocolos y correcta aplicación de recursos federales para seguridad pública, además de la coadyuvancia con la Auditoría Superior de la Federación. En el ámbito privado cuenta con una amplia trayectoria dentro del medio financiero. Trabajó en Casa de Bolsa Prime, S.A. de C.V., Multivalores S.A. de C.V., Casa de Bolsa y en GBM, Grupo Bursátil Mexicano S.A. de C.V., Casa de Bolsa. Posteriormente ingresó a Impulsora de Servicios Corporativos S.A. de C.V. y fue socio-director en FINEST, Finanzas Estratégicas S.C. Más adelante se desempeñó como director de finanzas y tesorería en Consorcio Inmobiliario Santos S.A. de C.V. y socio en PROFITS Estrategia y Consultoría Internacional. Ha participado en proyectos de seguridad y tecnología en Tabasco y Villahermosa, además de representar en México a Military Spare Parts France. Ha sido miembro del Consejo Consultivo de Desarrollo del Centro Bursátil Monterrey, instructor autorizado por la CNBV, CONSAR y MEXDER, además de catedrático por cerca de 23 años en el ITESM, el Instituto de Especialización para Ejecutivos, la Universidad Mexicana del Noreste y la Universidad de Monterrey. Otras actividades incluyen la presidencia del Consejo Consultivo Ciudadano de Finanzas y Tesorería Municipal de San Pedro Garza García, N.L. (2005-2007), miembro del Consejo Municipal de Desarrollo Social, y parte de la planilla encabezada por Tatiana Clouthier en 2008. En 2010-2011 fue director general de la Fundación Equidad y Progreso en Nuevo León, en apoyo a la candidatura presidencial de Marcelo Ebrard Casaubón. Ha sido analista y comentarista financiero en prensa, radio y televisión: conductor del programa Línea Financiera (TV Azteca), colaborador en MVS Radio, y articulista en El Norte, Reforma, The Dallas Morning News y actualmente en Monitor Político.