Cuando dices que no rezas...

Rezar es departir con el amigo,
Es llorar y reír con alegrías, escuchar sus tristezas.
Es tomarse un café y oír sus cuitas,
es tomar un buen vino, oír sus quejas.
Rezar es platicarle de un fracaso, del amor que se fue,
alguna pena y decirle: "llévate este virus e ilumine
el cerebro del que ordena".
Decirle: "traigo una migraña que atormenta".
De esas cosas que a todos nos suceden y le contamos a él,
solo a él que nos escucha.
Rezar es invitar al amigo a la casa a una cena,
Ofrecerle una copa de buen vino,
Mientras ponemos la música que él sueña.
Rezar, ¡qué no va ser rezar!,
Dar al hermano paz, pasar un rato grato.
También decirle te extraño y dar abrazos.
Lo es también decir: ¡qué pena!.
Es escuchar la súplica del hombre,
que no tiene nada en la alacena.
También rezar es decir:
“no hay vino“ en Caná de Galilea.
Rezar es escribir algún poema,
Rezar es decir al corazón en duelo:
¡Lo siento aquí en mi pecho!.
Rezar es decir: "¡Cómo me duele la pierna!",
Hablarle de esa tristeza del alma cada día,
De esa melancolía que envuelve y atraviesa.
Decirle cualquier tema que nos hiera,
También rezar cualquier canción que inspire al mundo,
que nos haga bailar por la mañana,
para reír así como cualquiera.
Sí, es cualquier cosa que cantamos a la naturaleza,
porque el mundo está lleno de tristezas.
Y pensar que hay gente que dice que no, ¡que nunca reza!.