Por qué coincido con la Cuarta Transformación

Norberto de la Rosa Buenrostro DETONA® Alguna vez, conversando con un dirigente de Morena, le dije algo que le incomodó: Yo no estoy aquí porque piense como Andrés Manuel López Obrador. Estoy aquí porque en muchas cosas López Obrador piensa como yo.

Por Norberto de la Rosa Buenrostro
Norberto de la Rosa Buenrostro
Calderón DETONA® aquí.
PRESIONA YEscucha
La frase puede parecer presuntuosa si se separa de su sentido. 

No pretendía decir que él hubiese tomado de mí una sola idea. 

Quería decir algo mucho más sencillo: yo no cambié mis convicciones para seguir a un hombre. 

Cuando apareció un movimiento nacional que comenzó a sostener muchas ideas que yo llevaba décadas defendiendo, encontré coincidencia. 

No subordinación. Coincidencia.

Mucho antes de 2018 escribía sobre la necesidad de una democracia verdaderamente participativa.

  • Sobre los excesos de la partidocracia, sobre candidaturas ciudadanas, sobre el presupuesto público utilizado en beneficio de estructuras burocráticas, sobre educación cívica.
  • Sobre justicia preventiva, sobre corrupción, sobre concentración del pode, sobre privilegios, sobre responsabilidad social, sobre medio ambiente y solidaridad.

Por eso mi adhesión a la Cuarta Transformación nunca necesitó culto a la personalidad. 

El principio no es verdadero porque lo diga López Obrador. 

Coincido con López Obrador cuando dice aquello que considero verdadero, y si se aparta de ello, conservo mi derecho y mi obligación de disentir

  • Lo mismo respecto de Claudia Sheinbaum.
  • Lo mismo respecto de Morena.
  • Lo mismo respecto de mí. 

Porque también yo puedo equivocarme.

Por eso desde muy joven aprendí una expresión que todavía me acompaña: 

Buscar la verdad del error. 

No solamente el error del otro.

Principalmente el propio.

Mi República

Creo en la República en su significado más elemental: res publica. 

  • La cosa pública.
  • Lo que es de todos y a todos pertenece.
  • El gobierno no pertenece a partidos, gobernadores, empresarios, sindicatos, iglesias, familias políticas ni dirigentes.
  • Tampoco pertenece a Morena.
  • Pertenece a la comunidad política.

Los gobernantes son administradores temporales de una responsabilidad que no les pertenece, por eso sostengo que todos los ciudadanos deben gobernar. 

No significa que todos ocupemos simultáneamente un despacho público. 

Significa que todos debemos participar: 

  • Informarnos; deliberar, expresarnos, votar, vigilar, proponer, cumplir, corregir, y asumir las consecuencias de aquello que legítimamente decidimos como comunidad.

La política no debe ser profesión patrimonial, debe ser responsabilidad ciudadana.

No profesionalizar al gobernante, profesionalizar al gobierno

Distingo claramente dos especies de servicio público. 

  • El cargo electivo es temporal.
  • Quien solicita al pueblo una encomienda debe concluirla. 

No considero sano abandonar un mandato para buscar inmediatamente otro. 

Tampoco considero deseable que la representación popular se convierta en una sucesión interminable de diputación, alcaldía, senaduría, gubernatura y regreso a otra curul. 

La República necesita rotación, todo ciudadano debe tener posibilidad real de participar, el gobernante político debe ser temporal.

Pero el gobierno debe ser profesional.

  • El maestro.
  • El médico.
  • El ingeniero.
  • El arquitecto.
  • El científico.
  • El técnico en agua.
  • El servidor especializado en presupuesto, carreteras, drenaje, energía, salud, seguridad o informática. 

Ellos deben ser seleccionados por capacidad, bien remunerados, capacitados, evaluados. 

Y, cuando cumplen, deben permanecer.

La memoria administrativa debe estar en las instituciones, no secuestrada en un político que argumenta que debe reelegirse porque sólo él sabe gobernar.

Por eso mi fórmula es: 

No profesionalizar al gobernante, profesionalizar al gobierno.

Democracia

La democracia no consiste únicamente en depositar una boleta. 

  • Es educación para gobernarnos juntos.
  • Requiere información.
  • Contradicción.
  • Deliberación.
  • Acuerdo.
  • Decisión.
  • Ejecución.
  • Evaluación.
  • Y corrección.

El ciudadano tiene derecho a disentir antes de la decisión. 

La mayoría, dentro de la Constitución y respetando los derechos de las minorías, puede resolver. 

Pero después debemos aprender otra virtud democrática: trabajar juntos.

 Perder una votación no me expulsa de la República.

 “Yo no voté por él” no me libera de responsabilidad respecto de mi comunidad.

  • Puedo continuar discrepando.
  • Puedo intentar modificar mañana lo decidido hoy. 

Pero no debo querer que mi país fracase solamente para demostrar que yo tenía razón. 

El verdadero demócrata debe saber ganar sin aplastar y perder sin destruir.

Educación cívica

Por eso considero indispensable recuperar la educación cívica, no para adoctrinar, precisamente para impedir el adoctrinamiento.

Hay que enseñar a pensar. 

  • A preguntar.
  • A identificar conceptos.
  • A distinguir dato de opinión.
  • A verificar fuentes.
  • A escuchar la contradicción.
  • A identificar la parte de razón que pueda existir incluso en aquello que rechazamos.

La República no necesita personas educadas para repetir respuestas. 

Necesita ciudadanos educados para formular preguntas.

Información

La libertad de expresión pertenece a las personas. 

  • No al gobierno.
  • No a los periódicos.
  • No a las televisoras.
  • No a las plataformas digitales. 

Es un derecho humano y una condición de la soberanía popular.

Quien controla los canales de información posee poder. 

Y ese poder, como todo poder, debe tener responsabilidad.

Los medios de comunicación no son garantes neutrales de la libertad de expresión ni sus paladines morales: son empresas. 

Empresas de comunicación, de mercadotecnia y de influencia pública. 

Cobran por difundir contenidos, por producir editoriales, por vender espacios informativos, por colocar entrevistas, por construir narrativas y, en muchos casos, por posicionar ideas, productos, servicios o proyectos políticos.

Por eso adquirieron una enorme capacidad de influencia social y política. 

En México y en el mundo se han asumido, de facto, como un “cuarto poder”, con mayor permanencia que muchos gobiernos y con capacidad real de condicionar decisiones públicas, agendas políticas y percepciones ciudadanas.

Precisamente por ello, su responsabilidad es mayor, no menor.

No tienen derecho a desinformar, a mentir, a manipular o a vender idearios políticos partidistas como si fueran información objetiva. 

Los infomerciales disfrazados de noticia, las entrevistas diseñadas en tiempos de precampaña o campaña, las invitaciones selectivas, la construcción de narrativas parciales o la complicidad con conductas prohibidas por el artículo 134 de la Constitución y la Ley General de Comunicación Social constituyen prácticas indebidas cuando utilizan recursos, tiempos o espacios con fines de influencia política encubierta.

Y aquí aplica un principio que sostengo con firmeza: lo que la ley no prohíbe puede prohibirlo la ética.

  • La libertad editorial no es licencia para la mentira.
  • La libertad de empresa no es permiso para la manipulación.
  • La libertad de expresión no es patente para la desinformación.

El gobierno tiene obligación de informar con veracidad y transparencia, pero también quienes difunden información al público —medios, plataformas, comunicadores y empresas de comunicación— tienen la obligación ética de no distorsionar la realidad por consigna política o interés económico.

  • No se trata de censura.
  • Se trata de responsabilidad.
  • Se trata de honestidad informativa.
  • Se trata de que la deliberación pública no sea sustituida por la mercadotecnia política disfrazada de periodismo.

Combatamos la desinformación con información. 

  • Más voces.
  • Más datos.
  • Más fuentes.
  • Más contradicción. 

Y ciudadanos mejor preparados para distinguirlas.

Norberto de la Rosa Buenrostro
Norberto Jesús de la Rosa Buenrostro es licenciado en Derecho por la Universidad Regiomontana, institución de la que egresó en 1979 y en la que posteriormente cursó una Maestría en Derecho Privado; actualmente se desempeña como Notario Público Titular de la Notaría Pública Número 61 en San Pedro Garza García, cargo que obtuvo en 2003, tras una amplia trayectoria en el ámbito jurídico que incluye su labor como Procurador Federal Auxiliar de la Defensa del Trabajo, abogado asesor y externo de diversas instituciones, así como Notario Suplente. A lo largo de más de cuatro décadas ha desarrollado también una destacada actividad docente, impartiendo materias de Derecho Civil, Derecho del Trabajo, Seguridad Social, Bienes y Sucesiones y Derecho Notarial en instituciones como la Universidad Regiomontana, la Universidad de Monterrey, la UANL y la Universidad Cervantina. Ha presidido el Colegio de Notarios Públicos del Estado de Nuevo León, ha participado en diversos consejos y organismos ciudadanos y profesionales, y ha mantenido una activa presencia en temas cívicos, jurídicos y de desarrollo urbano. Asimismo, ha sido conferencista y expositor en materias relacionadas con el derecho privado y notarial, sucesiones, derechos humanos, tecnologías aplicadas al notariado, protección de las personas adultas mayores y prevención del maltrato patrimonial.