Del mundo ideal, al mundo irreal
La sentencia se dió desde la campaña electoral de 2006: “al diablo con sus instituciones” y lo sabían tanto los actores políticos como los líderes de opinión.
De hecho, al inicio de este gobierno, diversas voces advirtieron que el riesgo de destruir a los organismos autónomos estaba vigente y era sí, “un peligro para México". Los cuatroteístas lo único que buscan es extinguir la vida institucional de este país, que tantas luchas ha costado.

El primer ataque público lo recibió Guillermo García Alcocer, presidente de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), en febrero de 2019: “se engañó al pueblo de México haciendo creer que se necesitaban instancias autónomas de expertos independientes, porque el gobierno no podía atender los asuntos relacionados con la Comisión Federal de Electricidad y con Pemex… se van a limpiar, se van a purificar estas instancias que estaban totalmente al servicio de intereses particulares”.

Luego vino la advertencia a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), a través del ministro Eduardo Medina Mora, quien sorpresivamente renunció a su cargo. El presidente Andrés Manuel López Obrador no dudó, aunque lo hicieran veladamente, en deslizar la idea de que en Palacio Nacional fue donde se tomara esta decisión y con ello, fueron nombrados cuatro nuevos ministros, entre ellos, la plagiaria Yasmín Esquivel Mossa.
A finales de 2019, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos fue inutilizada con el nombramiento -cuestionado por fraudulento- de una incondicional, Rosario Piedra Ibarra, encargada de dinamitar, desde dentro, una de las instituciones autónomas que fue producto de la exigencia ciudadana de que existiera quien señalara los abusos cometidos desde el poder público.
