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PRESIONA YEscucha
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Durante años, comprar un videojuego era todo un ritual: visitar la tienda, mirar las portadas, abrir la caja, leer el manual y guardar con orgullo el cartucho o el disco.
Los juegos ocupaban espacio, pero también construían recuerdos.
Se prestaban, se intercambiaban y hasta se reparaban con paciencia.
Hoy casi todo llega mediante una descarga: rápido, cómodo y sin estantes llenos.
Sin embargo, algo se pierde.
Ya no sentimos que el juego nos pertenece realmente, sino que vive en una cuenta digital.
El futuro ofrece miles de títulos, pero la nostalgia siempre tendrá caja, manual, disco y memoria.



