Desastre educativo
El bienestar prometido es una quimera, visto con optimismo, o una mentira, visto objetivamente.
No puede haber bienestar y desarrollo sin educación, y sin ella, el futuro de la nación está condenado a la marginación.
¿Estamos hoy mejor que antes? ¿Estaremos mejor mañana que hoy? Las respuestas convencionales dirían sí y no.
La realidad es distinta: no estamos mejor que antes y estaremos peor mañana que hoy.
¿La razón? La educación de las niñas y niños mexicanos viene en picada y no hay ninguna política pública en el horizonte que lo impida.
Al contrario, la anarquía educativa y el desinterés del presidente Andrés Manuel López Obrador por la preparación de los menores nos lleva, si no se corrige el rumbo, a una nación de analfabetas funcionales –¿cuántos ya existen hoy en día?– cuyo rol en la división internacional del trabajo será de mano de obra intensiva y no calificada; es decir, barata y remplazable.
Vaya país el que heredará López Obrador.
El desorden y desinterés se ve en varios niveles:
- Por ejemplo, en la educación básica. Quienes cursan el sexto grado están utilizando los libros del modelo educativo que impulsó el secretario de Educación del gobierno anterior, Emilio Chuayffet.
- Quienes cursan del segundo al quinto grado, estudian sobre los textos de la llamada Nueva Escuela Mexicana que lanzó López Obrador el iniciar su gobierno.
- Pero quienes ingresaron al primer año de primaria, lo hacen en los nuevos libros de texto gratuito que presentó este año Marx Arriaga, director de Materiales Educativos de la SEP.


