La anhelada utopía

El sueño es construir una sociedad ideal, perfecta y justa, donde sus habitantes vivan en completa armonía.
Aunque en la práctica se considera una meta de muy difícil o imposible realización, a menos de un año de las elecciones para ocupar cargos públicos, vuelve a nacer la esperanza y el entusiasmo, quizá ingenuo, de los ciudadanos.
Y sí, sí...
- ¿Y si participo, acudiendo a ejercer mi sufragio?
- ¿Y si me involucro postulándome a una posición de elección popular?
- ¿Y si apoyo a algún grupo político o a un candidato en específico? ¿Será que todo cambie?
Cansados de una sola forma de gobierno, los ciudadanos hemos elegido el cambio en los últimos comicios electorales. Y lo que hemos descubierto es que el ejercicio de la función pública, lejos de ser algo respetable, admirable y realizado con experiencia, en ocasiones se ha convertido en un reality show.
Las personas que se eligen, en muchos casos, parecen ser seleccionadas por rating, popularidad o capacidad económica para llegar al puesto al que se postulan.
Estamos ante una nueva oportunidad de pensar y elegir con inteligencia a la persona que habrá de representarnos, ya sea en una diputación local o federal, en una alcaldía o en el Gobierno estatal.
Necesitamos que quienes ocupen estos cargos tengan capacidad comprobada, experiencia y, sobre todo, una vida sustentada en principios y ética.
Existe un dicho que señala que el poder solo potencia lo que el ser humano es.
No podemos construir una sociedad de justicia y paz cuando quienes están en el poder generan división, corrompen las instituciones o se convierten en maestros de la falta de moral.
Los ciudadanos somos más que los servidores públicos; sin embargo, servidores públicos y ciudadanos somos todos.
Cuando las personas mejor preparadas, honestas y comprometidas llegan a ejercer una autoridad, entonces podremos comenzar a decir que sí es posible acercarnos a esa anhelada utopía.
En tiempos electorales, pareciera que gana quien paga más. Y la corrupción puede presentarse en todos los niveles: algunos compran votos, personas, estructuras, voluntades e incluso boletas.
Durante mucho tiempo se ha dicho que la política es sucia.
En lo personal, difiero de ese concepto.
La política no es sucia por naturaleza; lo limpio o lo sucio de su ejercicio está directamente relacionado con quien la practica y con la manera en que utiliza el poder.
Lo mejor que podemos hacer como ciudadanos es conocer, investigar y tener el valor de denunciar aquello que atente contra el bien común, aun frente a ambientes de represalias o amenazas.
En teoría, estos principios deberían constituir el primer filtro que todo candidato a un puesto de elección popular tendría que aprobar.
- Legalidad: Actuar estrictamente bajo las normas y facultades que la ley concede, sin hacer más de lo autorizado.
- Honradez: Conducirse con rectitud y no utilizar el cargo para obtener beneficios personales o ventajas indebidas.
- Lealtad: Responder con fidelidad a la confianza que el Estado y la sociedad depositan en la función pública.
- Imparcialidad: Dar un trato igualitario a todas las personas, sin favoritismos ni discriminación.
- Eficiencia: Cumplir las funciones con calidad, optimizando los recursos públicos para alcanzar las metas institucionales.
- Interés público: Buscar en todo momento el bienestar de la colectividad por encima de los intereses particulares.
- Respeto: Tratar a la ciudadanía y a los compañeros de trabajo con diligencia, austeridad y educación.
- Respeto a los derechos humanos: Garantizar y proteger los derechos fundamentales de todas las personas, sin distinción.
- Transparencia: Rendir cuentas claras y permitir el acceso a la información relacionada con el ejercicio de la función pública.
- Vocación de servicio: Asumir el trabajo público como un compromiso profundo con el desarrollo, el bienestar y la paz del país.
Porque antes de preguntarnos ¿quién puede ganar una elección?, deberíamos preguntarnos:
¿Quién tiene la capacidad, la experiencia, la honestidad y la calidad humana para ejercer el poder que nosotros, los ciudadanos, le vamos a confiar?

