La anhelada utopía

Luz Maria Ortiz Quintos DETONA® ¡Para el mundo, para México, para Nuevo León!

Por Luz María Ortiz Quintos
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El sueño es construir una sociedad ideal, perfecta y justa, donde sus habitantes vivan en completa armonía

Aunque en la práctica se considera una meta de muy difícil o imposible realización, a menos de un año de las elecciones para ocupar cargos públicos, vuelve a nacer la esperanza y el entusiasmo, quizá ingenuo, de los ciudadanos.

Y sí, sí...

  • ¿Y si participo, acudiendo a ejercer mi sufragio?
  • ¿Y si me involucro postulándome a una posición de elección popular?
  • ¿Y si apoyo a algún grupo político o a un candidato en específico? ¿Será que todo cambie?

Cansados de una sola forma de gobierno, los ciudadanos hemos elegido el cambio en los últimos comicios electorales. Y lo que hemos descubierto es que el ejercicio de la función pública, lejos de ser algo respetable, admirable y realizado con experiencia, en ocasiones se ha convertido en un reality show.

Las personas que se eligen, en muchos casos, parecen ser seleccionadas por rating, popularidad o capacidad económica para llegar al puesto al que se postulan.

Estamos ante una nueva oportunidad de pensar y elegir con inteligencia a la persona que habrá de representarnos, ya sea en una diputación local o federal, en una alcaldía o en el Gobierno estatal

Necesitamos que quienes ocupen estos cargos tengan capacidad comprobada, experiencia y, sobre todo, una vida sustentada en principios y ética.

Existe un dicho que señala que el poder solo potencia lo que el ser humano es.

No podemos construir una sociedad de justicia y paz cuando quienes están en el poder generan división, corrompen las instituciones o se convierten en maestros de la falta de moral.

Los ciudadanos somos más que los servidores públicos; sin embargo, servidores públicos y ciudadanos somos todos

Cuando las personas mejor preparadas, honestas y comprometidas llegan a ejercer una autoridad, entonces podremos comenzar a decir que sí es posible acercarnos a esa anhelada utopía.

En tiempos electorales, pareciera que gana quien paga más. Y la corrupción puede presentarse en todos los niveles: algunos compran votos, personas, estructuras, voluntades e incluso boletas.

Durante mucho tiempo se ha dicho que la política es sucia. 

En lo personal, difiero de ese concepto. 

La política no es sucia por naturaleza; lo limpio o lo sucio de su ejercicio está directamente relacionado con quien la practica y con la manera en que utiliza el poder.

Lo mejor que podemos hacer como ciudadanos es conocer, investigar y tener el valor de denunciar aquello que atente contra el bien común, aun frente a ambientes de represalias o amenazas.

En teoría, estos principios deberían constituir el primer filtro que todo candidato a un puesto de elección popular tendría que aprobar.

  • Legalidad: Actuar estrictamente bajo las normas y facultades que la ley concede, sin hacer más de lo autorizado.
  • Honradez: Conducirse con rectitud y no utilizar el cargo para obtener beneficios personales o ventajas indebidas.
  • Lealtad: Responder con fidelidad a la confianza que el Estado y la sociedad depositan en la función pública.
  • Imparcialidad: Dar un trato igualitario a todas las personas, sin favoritismos ni discriminación.
  • Eficiencia: Cumplir las funciones con calidad, optimizando los recursos públicos para alcanzar las metas institucionales.
  • Interés público: Buscar en todo momento el bienestar de la colectividad por encima de los intereses particulares.
  • Respeto: Tratar a la ciudadanía y a los compañeros de trabajo con diligencia, austeridad y educación.
  • Respeto a los derechos humanos: Garantizar y proteger los derechos fundamentales de todas las personas, sin distinción.
  • Transparencia: Rendir cuentas claras y permitir el acceso a la información relacionada con el ejercicio de la función pública.
  • Vocación de servicio: Asumir el trabajo público como un compromiso profundo con el desarrollo, el bienestar y la paz del país.

Porque antes de preguntarnos ¿quién puede ganar una elección?, deberíamos preguntarnos:

¿Quién tiene la capacidad, la experiencia, la honestidad y la calidad humana para ejercer el poder que nosotros, los ciudadanos, le vamos a confiar?

Quizá la utopía no consista en encontrar gobernantes perfectos, sino en tener ciudadanos capaces de reconocer, elegir y exigir a quienes verdaderamente estén preparados para servir.
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Luz María Ortiz Quintos
Contador Público y Auditor, egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León, con una amplia trayectoria profesional, social y empresarial. Inició su carrera en Arca Continental como auxiliar de nóminas y posteriormente fue promovida a Jefa de Nóminas. En el Poder Judicial del Estado de Nuevo León ocupó diversos cargos, entre ellos Delegada de Recursos Humanos, Oficial de Partes de los Juzgados Menores, Jefa de Recursos Humanos y Administradora del Poder Judicial. También se desempeñó como Encargada de Contabilidad en Sistemas de Caminos de Nuevo León y colaboró con la Universidad Regiomontana en proyectos de Capacitación Empresarial. Actualmente dirige una empresa de Call Center. En el ámbito social, ha ocupado diversos cargos en organizaciones de padres de familia y es Presidenta fundadora del Instituto Nacional de Consultoría Familiar A.C.; además, ha participado en consejos estatales y nacionales relacionados con educación, valores, becas, fomento laboral, participación social, asuntos interreligiosos e interculturales, entre otros. Es escritora invitada en diversos medios de comunicación y conferencista en temas de valores humanos, prevención del abuso infantil, educación laica, libertad religiosa y Embajadores de Paz. Es madre de cuatro hijos.