El jaguar en Nuevo León

Durante décadas, comunidades rurales, ganaderos y habitantes de zonas serranas reportaron huellas, avistamientos y rastros del felino, además de existir registros históricos que sugerían su permanencia en el noreste de México.
En años recientes, cámaras trampa y programas de monitoreo en la Sierra Madre Oriental han permitido confirmar de manera sistemática la presencia del jaguar.
Investigadores y personal de Parques y Vida Silvestre de Nuevo León documentaron varios individuos en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey, mostrando que no se trataba de casos aislados, sino de una población residente.
Desde entonces, distintos registros han fortalecido esta evidencia y han permitido constatar que el jaguar sigue habitando ecosistemas del noreste mexicano.
De manera particularmente relevante, este pasado mes de abril se registró nuevamente un jaguar en el municipio de General Terán, reforzando la evidencia de su permanencia en el estado.
Más que un avistamiento aislado, este tipo de registros refleja que aún existen ecosistemas capaces de sostener una de las especies más emblemáticas de América.
Sin embargo, la noticia también plantea desafíos importantes.
En México, el jaguar ha perdido alrededor de la mitad de su distribución histórica y, a nivel continental, ha desaparecido de más de la mitad de su rango original debido a la pérdida de hábitat, la fragmentación del territorio y los conflictos con actividades humanas.
El noreste de México es clave para la conservación del jaguar.
La Sierra Madre Oriental ayuda a mantener poblaciones conectadas, algo esencial para evitar el aislamiento genético y favorecer la permanencia de la especie.
De hecho, estudios genéticos han encontrado que los jaguares del noreste de México presentan una diversidad genética relativamente baja, probablemente como resultado de poblaciones pequeñas y parcialmente aisladas.
Precisamente por ello, recuperar la conectividad ecológica resulta fundamental para favorecer el intercambio genético y fortalecer la viabilidad de la especie a largo plazo.
En el pasado, esta conectividad ecológica se extendía mucho más al norte.
El jaguar ocupaba regiones serranas que enlazaban el Parque Nacional Cumbres de Monterrey con la Sierra de Picachos y otras sierras del norte de Nuevo León y Coahuila, formando un corredor biológico de gran relevancia.
Históricamente, la distribución del jaguar alcanzaba el sur de Texas, donde el último registro ampliamente reconocido ocurrió en 1948.
Aunque hoy parece difícil imaginarlo, el noreste de México y el sur de Estados Unidos forman parte de una misma región ecológica y, durante siglos, existió intercambio natural de fauna entre estos territorios.
En este contexto, Nuevo León impulsa una nueva Área Natural Protegida en la Sierra Madre Oriental con el propósito de fortalecer y recuperar la conectividad ecológica entre el Parque Nacional Cumbres de Monterrey, la Sierra de Picachos y ecosistemas estratégicos hacia Tamaulipas, una iniciativa que podría beneficiar al jaguar, al oso negro y al puma, entre muchas otras especies.

