La desaparición del silencio

Y no hablo solamente del silencio sonoro.
Hablo de la dificultad creciente para habitar cualquier espacio vacío sin sentir la necesidad inmediata de llenarlo.
Esperamos un elevador y sacamos el celular, comemos viendo videos, dormimos con música de fondo, contestamos mensajes mientras vemos una serie y revisamos otra pantalla al mismo tiempo.
Y quizá el problema no es el exceso de ruido, tal vez el verdadero problema es que el silencio empezó a parecernos insoportable, porque el silencio confronta.
Cuando desaparece el estímulo aparecen cosas que normalmente mantenemos encubiertas como:
- el cansancio
- la ansiedad
- preguntas
- recuerdos
- pendientes.
El ruido contemporáneo muchas veces no funciona solamente como entretenimiento, funciona como anestesia.
La música surge del sonido y del silencio como binomio, sin pausa no existe el ritmo, sin vacío no existe profundidad.
Pero vivimos en una cultura que convirtió la velocidad en una virtud social, todo debe hacerse aprisa:
- responder rápido
- consumir rápido
- opinar rápido.
Permanecer quieto o contemplar, parece pérdida de tiempo.
El problema no es la tecnología, el problema emerge cuando desaparece la posibilidad de la ausencia, porque hay experiencias humanas que necesitan el espacio vacío para existir como:
- el pensamiento
- el arte, el deseo
- la imaginación
- la introspección
- incluso el amor.
Y quizá por eso estamos tan agotados, porque el silencio no es solamente ausencia de sonido, sino es ausencia de distracción.
Y eso puede resultar aterrador.
En el ruido podemos escapar, en la velocidad podemos sentir que avanzamos.
Pero el silencio suspende todas esas ilusiones.


