Desfilar no es sinónimo de defender

El desfile es un inventario público: aquí está lo nuestro, esto podemos.
El problema empieza cuando ese inventario es la única contabilidad que en realidad tenemos.
Los 12 cazas F5E Tiger, que encabezan la capacidad de intercepción en México, fueron entregados entre 1981 y 1982 durante el gobierno de José López Portillo.
Hoy tienen 44 años de servicio.
En abril, la Fuerza Aérea Mexicana anunció que serán sustituidos por un número similar de aeronaves hacia 2028.
De los 12 aviones F5 que operamos, no tenemos datos de cuántos siguen en condiciones de volar, pero los reportes especializados señalan entre 2 y 5.
Ninguno de estos reportes es oficial del Estado mexicano.
Cuando un país ya no puede decir cuántos interceptores tiene, no oculta una capacidad.
Admite que hace tiempo dejó de medirla.
Lo que sí conocemos ordena la escena.
El Ramo 07 del presupuesto recibió 170,753.1 millones de pesos este año, y para 2027 propone unos 185,706.1.
Es un presupuesto creciente, sí, pero crece por lo que la SEDENA hace de más —obra pública, aduanas, seguridad interior— y no por lo que la Constitución le mandata hacer.
- Colombia firmó recientemente la adquisición de 17 cazas por 3,135 millones de euros.
- Brasil arrancó su programa de defensa aérea con Saab en 2014 y presentó apenas este año el primer caza ensamblado tras12 años de planeación.
Es la lección que importa.
Lo que no se siembre en el presupuesto de 2027 no se cosechará en 2040.
La versión del pacto secreto de Bucareli no resiste el escrutinio historiográfico, menos ser la razón en la que hoy nos encontramos.
Lo que sí existe es la legislación estadounidense que obliga al vendedor, no al comprador, y una decisión soberana; pues fue México quien renunció al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca en 2002.
La cadena no nos la pusieron.
Nos la pusimos y olvidamos que la llevábamos.
Si vamos a gastar, hagámoslo con criterio.
México ya opera desde 2004 un avión de alerta temprana con radar Erieye, de la prestigiosa empresa sueca Saab, junto a dos plataformas de vigilancia marítima.
Esta es la razón técnica, no ideológica, para inclinarse por la compra de aviones Saab Gripen E.
Esta opción es la única que entra inmediata y armoniosamente en un ecosistema de sensores, enlace de datos y adiestramiento que el país instaló y paga desde hace dos décadas, y que poseen motores de origen estadounidense con un amplio respaldo para el país.
Comprar fuera de esa arquitectura obligaría a construir, otra vez desde cero, en un mundo cada día más inestable.
Y conviene decirlo completo, esos motores siguen sujetos al control de exportación estadounidense, como Colombia está comprobando hoy.
Pero no hay opción que nos libre de eso.
Hay opciones que nos cuestan menos enprender.
12 aviones son el principio de un programa, pero no el programa.
Aún falta la red de radares terrestres que permita ver antes de interceptar.
Falta cobertura marítima soberana sobre una zona económica exclusiva de más del doble de nuestro territorio continental, vigilada solo por 2 aeronaves compradas hace 23 años.
Y falta lo que la realidad ya nos impuso sin pedir permiso:
Capacidad contra las aeronaves ligeras que operan pistas clandestinas y contra drones que la delincuencia usa para vigilar, transportar y atacar.
- Ninguna de esas amenazas vuela a Mach 2.
- Ninguna se resuelve con un caza cuya función de superioridad área nos es vital, pero distinta.
La defensa del territorio es la función más indelegable del Estado, porque es la condición de todas las demás, no hay deliberación pública, ni mercado, ni familia protegida donde el Estado no controla su propio espacio.
Cuando el ejército hace lo que otros podrían hacer, y nadie hace lo que solo el ejército puede hacer, el principio de subsidiariedad falló.
La defensa entra en el terreno de la justicia, no solo en el de la fuerza.
Eso está en juego el miércoles.
Un desfile puede ser el rostro visible de una capacidad real, un acto republicano legítimo.
O una vitrina que exhibe lo que no tenemos.

