Desinformación criminal
Todos en el mundo, literalmente, estamos viviendo en medio de dos fenómenos que pueden cambiar nuestra vida y nuestro futuro.
Por un lado está la guerra de propaganda entre Israel y Hamás, que hoy cumplen 11 días en conflicto armado, y por el otro, la desinformación diseminada en las redes sociales por ambas partes, pero acompañada por miles de cuentas que reproducen visiones alternas de la realidad que también nutren las plataformas con mentiras y narrativas que parecen el preludio de un armagedón.
Hace unos días circuló información en las redes, que llegó a portales de medios acreditados, que mencionaba que terroristas de Hamás habían decapitado a unos 40 niños.
Los corresponsales de Le Monde y Liberation visitaron la comunidad donde supuestamente se habían realizado las decapitaciones, pero no encontraron ninguna evidencia.
Voceros militares israelíes respaldaron la versión, pero recularon. La CNN pidió confirmación y le respondieron: “Aunque ha habido casos de militantes de Hamás de decapitaciones y otras atrocidades al estilo del Estado Islámico, no podemos confirmar si las víctimas fueron hombres o mujeres, soldados o civiles, adultos o niños”. O sea, esa especie fue falsa.
El que una mentira disfrazada de información sea falsa, no explica, ni justifica o condona las atrocidades que están cometiendo las dos partes, pero subraya el difícil momento por el que atraviesa la verdad en un conflicto que requeriría, por el potencial de escalamiento militar regional, incluso mundial, que estuviera verificada y que sus contenidos incluyeran cordura, prudencia y moderación.
