El crimen de un candidato presidencial

El asesinato del candidato presidencial oficial, Fernando Villavicencio, en Quito, a dos domingos de las elecciones en Ecuador, tiene un plano policial claro y uno político borroso y multinacional, donde México, por imputación, vinculación o proximidad, está en el centro de la discusión de la crisis que azota a esa nación.
El plano policial tiene que ver con las investigaciones, que en este momento apuntan en una de sus principales líneas al Cártel de Sinaloa.
Ayer, el ministro del Interior, Juan Zapata, informó de la detención de seis personas presuntamente vinculadas al asesinado de Villavicencio, que son extranjeros y que pertenecen a un grupo de la delincuencia organizada, cuyo nombre se abstuvo de revelar.
Este plano policial tiene un matiz que poco se observó en las primeras horas tras el atentado.
Villavicencio fue baleado al salir de un viejo colegio donde habló con jóvenes.
Salió del inmueble rodeado de elementos de seguridad, quienes casi lo empujaron a entrar a su camioneta.
Inmediatamente comenzaron a dispararle desde el otro costado de la camioneta, que no estaba protegida por nadie, donde el atacante disparó repetidamente.
Uno de los cómplices del atacante lanzó una granada para provocar una distracción y facilitar la huida, pero no explotó.
Pero en lugar de desactivarla -quitándole la espoleta para separarla del explosivo- los artificieros de la policía la destruyeron, eliminando de esa forma una evidencia importante.
Como la granada no explotó, la policía detuvo al atacante y lo llevó a la estación de policía más cercana, donde fue ejecutado.
La persona que le disparó no ha sido detenida, pese al lugar en donde mató al agresor, un recinto policial, y los agentes supuestamente protegiendo al asesino.
En medio de la crisis, el miedo y el desconcierto, surgió la desinformación.
El miércoles por la noche se difundió en las redes sociales un video de 58 segundos donde aparecen más de dos decenas de personas vestidas de negro, encapuchadas y con fusiles de asalto, que dijeron llamarse Los Lobos, que se adjudicaron el asesinato de Villavicencio.
Pero ayer, en otro video grabado desde la cárcel, de un minuto y 19 segundos, más de 10 miembros de Los Lobos denunciaron que era falso y se deslindaron del asesinato, afirmando que fue otra organización criminal, que no identificaron, la responsable.
El tema de Los Lobos es relevante porque están ligados al Cártel Jalisco Nueva Generación, por lo que se puede inferir que el primer video buscó dirigir la responsabilidad hacia esa organización criminal, que se encuentran en guerra contra el Cártel de Sinaloa en territorio ecuatoriano.
Villavicencio había señalado el pasado 8 de junio que esos cárteles son los principales grupos criminales en Ecuador, y retó al presidente López Obrador a encarar “sus problemas con las mafias, allá en ese país donde gran parte de la clase política ha sido financiada por el narcotráfico”.


