El extraño enemigo
Con una combinación de fantasía y realidad, la serie “Un extraño enemigo” me transportó al pasado cuando era una adolescente.
Entre otras cosas, llegaron a mi mente las constantes conversaciones de papá en la sobremesa sobre el nefasto y antiempresarial gobierno de Luis Echeverria, la terrible liga comunista 23 de septiembre que tenía una peligrosa célula en Guadalajara, y aquella extrema devaluación que dejó al peso sin fuerza.
Pero no todos los recuerdos fueron negativos, en medio de los trágicos y violentos días de la década de los 70s que vivió el país, recordé también a aquellos valientes y ejemplares empresarios que tenía Nuevo León, hombres (y no pedazos) que tenían tatuado el amor a la Patria ¡a México! en el corazón.
Las escenas del secuestro y asesinato de don Eugenio Garza Sada en Monterrey, y de Fernando Aranguren en Guadalajara, fueron sin duda el más claro de los ejemplos de la aguerrida oposición empresarial que existía en esas épocas.
De ese frente común formado por industriales, sobre todo de Nuevo León, Jalisco y del entonces Distrito Federal, dispuestos a impedir (incluso con su vida) el avance de la ideología comunista del Presidente Echevarría.


