El Niño: ¿llegará el agua que le falta a Nuevo León?

Entre enero y agosto, el estado recibió 313.2 milímetros de lluvia, según los registros del Servicio Meteorológico Nacional de Conagua.
- Junio aportó 108.1 milímetros, mientras que julio y agosto sumaron apenas 59.1.
Son promedios estatales; la lluvia se distribuyó de manera desigual entre ciudades, zonas agrícolas y cuencas de abastecimiento.
- La precipitación promedio anual en Nuevo León es de aproximadamente 654 milímetros.
Hasta agosto habíamos recibido cerca del 48% de esa cantidad.
Para alcanzarla, septiembre y los últimos tres meses del año tendrían que sumar aproximadamente 341 milímetros.
Esta comparación con el año completo no equivale a medir el déficit respecto de lo que normalmente llueve hasta agosto.
El Niño abre una posibilidad de recuperación porque suele favorecer las lluvias durante la temporada fría en el norte de México, como explica la UNAM a través del investigador Jorge Zavala Hidalgo.
Esto permite considerar un cierre de año con lluvias favorables, cuya distribución e intensidad deben evaluarse mediante las perspectivas mensuales y estatales del Servicio Meteorológico Nacional.
Sin embargo, no garantiza que los tres últimos meses estarán por encima del promedio en todas las cuencas de Nuevo León.
Las presas muestran un punto de partida desigual.
En el reporte de Agua y Drenaje de Monterrey difundido el 7 de septiembre,
- La Boca registraba 83.71% de llenado;
- Cerro Prieto, 82.98%;
- y El Cuchillo, 53.11%.
Una temporada favorable ayudaría, pero convertir esa expectativa en una promesa de presas llenas sería un error.
¿Qué enseñan los antecedentes?
En tres años en los que se desarrollaron episodios importantes de El Niño, los registros del SMN muestran que Nuevo León recibió, entre octubre y diciembre, 123.3 milímetros en 1997, 113.1 milímetros en 2015 y 174.3 milímetros en 2023.
Aunque 2023 tuvo el trimestre final más lluvioso de los tres, terminó con el menor acumulado anual.
En cambio, 2015 superó los 654 milímetros, gracias principalmente a lo recibido antes de octubre.
Un buen cierre de año no necesariamente compensa los meses anteriores.
Estos antecedentes ilustran posibilidades; no constituyen un pronóstico ni permiten atribuir toda esa lluvia a El Niño.
Septiembre resulta decisivo.
Si octubre–diciembre aportara entre 113.1 y 174.3 milímetros, como en esos antecedentes, septiembre tendría que sumar aproximadamente 167 a 228 milímetros para alcanzar la referencia anual de 654.
Cuanto menos llueva este mes, mayor será la cantidad necesaria durante el último trimestre.
Es un cálculo basado en los registros de Conagua, no una predicción de cuánto lloverá.
Esa previsión nacional no permite asegurar, por sí sola, el mismo resultado en nuestro estado.
¿Cómo podrían llegar las lluvias?
Durante el invierno, El Niño modifica la corriente en chorro, una franja de vientos intensos en las capas altas de la atmósfera. Su desplazamiento hacia el sur y extensión hacia el este favorecen el paso de sistemas que pueden producir precipitaciones, como explica la NOAA.
En el noreste de México, los frentes fríos y los sistemas de baja presión pueden generar lluvias cuando encuentran suficiente humedad y favorecen el ascenso del aire.
Las precipitaciones pueden durar horas o días y, en ocasiones, incluir tormentas intensas.
Las lluvias asociadas con estos sistemas no requieren la llegada de un huracán o una depresión tropical, tienen un mecanismo distinto, explicado por el Centro de Educación Científica de la Corporación Universitaria para la Investigación Atmosférica.
El Niño suele dificultar la formación y organización de ciclones en el Atlántico al aumentar los cambios del viento con la altura, conocidos como cizalladura vertical, según la NOAA.
Esto tiende a reducir su actividad, pero no elimina la posibilidad de que una tormenta o huracán alcance nuestra región.
El episodio actual merece atención.
El diagnóstico de la NOAA del 10 de septiembre de 2026 reportó una temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 1.8 grados Celsius por encima del promedio durante agosto, y una probabilidad superior al 90% de un episodio muy fuerte durante el otoño y el invierno de 2026–2027.
Esto mantiene abierta la posibilidad de lluvias favorables durante la temporada fría de 2027, sin garantizar una primavera o un verano húmedos.
También preocupa el calor: la influencia de El Niño sobre la temperatura global suele ser mayor el año posterior a su desarrollo y se suma al calentamiento global causado por las emisiones humanas.
Necesitamos, además, que el agua llegue a las cuencas de abastecimiento.
Una lluvia sobre una avenida puede ocasionar daños sin recuperar una presa.
La ubicación de las tormentas, la humedad del suelo, la infiltración y la evaporación determinan cuánto termina almacenado.
El llamado es para todos.
El gobierno estatal está reduciendo fugas, modulando la presión, promoviendo el uso sostenible y la conservación del agua, restaurando las cuencas hidrológicas y dando mantenimiento a los drenajes, entre otras acciones.
Los municipios deben reforzar la limpieza de calles y alcantarillas para evitar obstrucciones, ahorrar agua, sobre todo en parques y jardines, y promover su uso responsable entre la ciudadanía.
A las empresas y al sector agrícola les corresponde mejorar la eficiencia y evitar desperdicios; a las familias, cuidar el consumo, reparar y reportar fugas, evitar tirar basura y atender las alertas de Protección Civil.
Nuevo León no puede presupuestar el agua que todavía no ha caído.



