El Niño y los árboles (2026)

Pero lo verdaderamente importante no es que haya anillos, sino cómo son esos anillos.
Cuando hay suficiente agua, el árbol crece más y el anillo es más ancho, cuando hay sequía, el crecimiento se reduce y el anillo se vuelve estrecho.
En esa diferencia, está registrada entonces la historia climática de una región.
En el noreste de México, esa historia ha sido reconstruida con rigor científico.
Un estudio publicado en Investigaciones Geográficas de la UNAM analizó los anillos de crecimiento de Pseudotsuga menziesii, un pino de alta montaña de la Sierra Madre Oriental, en sitios como El Potosí, La Marta y La Encantada, en Nuevo León.
A partir de estos registros, se logró reconstruir más de un siglo de clima regional e identificar los periodos prolongados de sequía que han marcado el desarrollo ambiental y económico del estado.
Los datos son contundentes.
En años húmedos, los árboles crecieron en promedio alrededor de 1.18 milímetros por año; en años secos, ese crecimiento cayó a cerca de 0.82. Puede parecer una diferencia pequeña, pero no lo es:
- Refleja una reducción significativa en la productividad de los ecosistemas.
Este tipo de investigación no es exclusiva de Nuevo León, la dendrocronología se ha aplicado en distintas regiones de México —como Chihuahua y Durango— y en numerosos países para reconstruir sequías, entender la variabilidad climática y anticipar riesgos.
En el noreste de México, no toda la lluvia es igual de importante, la que realmente importa sobre todo para los árboles es la de invierno, la que se infiltra, la que se queda en el suelo y la que permite que el árbol arranque su ciclo con agua disponible.
Cuando ese invierno es húmedo, los anillos se ensanchan.
Y ese tipo de inviernos, con mayor humedad y temperaturas más frescas, suelen estar asociados a El Niño, un fenómeno climático que se origina en el Pacífico ecuatorial frente a las costas de Perú cuando las aguas superficiales se calientan por encima de lo normal.
Ese calentamiento altera la circulación atmosférica a escala global y modifica los patrones de lluvia, en el noreste de México, su efecto más consistente ha sido precisamente ese:
- Inviernos con mayor probabilidad de precipitación, condiciones que favorecen tanto el crecimiento de los árboles como la recarga de los acuíferos.
Entonces, la pregunta es inevitable, ¿cómo pinta el 2026?
Los principales centros de pronóstico climático del mundo —como el Climate Prediction Center de la NOAA y el Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad— coinciden en que existe una probabilidad significativa de que El Niño se desarrolle a partir de mediados de 2026 y se extienda hacia el invierno.
No es una garantía de lluvias abundantes, pero sí una señal relevante de que el patrón climático podría inclinarse hacia condiciones más favorables que las de un año seco típico.
Y aquí está el punto de fondo.
Si el invierno de 2026 resulta más húmedo, será una oportunidad, una oportunidad para captar agua, recargar acuíferos, fortalecer sistemas y reducir la vulnerabilidad hídrica de la región.
- Pero si no estamos preparados, esa oportunidad se pierde.


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