El video que define al sexenio
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Hace unos días, la mañanera sirvió para apuntalar la epopeya de López Obrador y de cómo ha enfrentado con éxito una conspiración internacional.
Desde principios de este año, aseguró la vocera de la propaganda presidencial, Elizabeth García Vilchis, se ha dado una campaña sin precedentes contra López Obrador, que ha sido sometido a “la ofensiva digital más grande de la que se tenga registro”.
Medios internacionales iniciaron “una de las campañas de mentiras más grandes contra un gobierno progresista”, y millones de publicaciones aparecieron contra el Presidente de México durante meses para etiquetarlo como “narcopresidente”.
Pero nada ni nadie pudo con él. El Cid Campeador de Macuspana salió sin que se le manchara el plumaje.
Aunque la narrativa épica es hilarante, hay algo de verdad detrás de la queja de Palacio Nacional, que explica el porqué lleven meses de estar atrapados en el tema que se sintetiza en la etiqueta en redes sociales de “narcopresidente”.
Cuatro medios internacionales publicaron declaraciones de los testigos protegidos por los cuales el exsecretario de Seguridad Genaro García Luna fue encontrado culpable de recibir dinero del Cártel de Sinaloa, que aseguraron que el crimen organizado financió dos campañas presidenciales de López Obrador.
Uno de esos medios reveló que Estados Unidos tiene detectadas transferencias de dinero de Culiacán al entorno presidencial, poco después que López Obrador estrechó la mano de la madre de Joaquín el Chapo Guzmán.
Es decir, no es un dicho, sino la huella de un dinero sospechoso que pudiera servir como evidencia en un eventual caso que llegara a tribunales en Estados Unidos.
La “última andanada contra el gobierno mexicano y tratar de generar percepción de inseguridad y vincular al Presidente con el crimen organizado”, precisó García Vilchis, fue en mayo, “el mes del ataque”.
Se refería a un reportaje publicado por el Financial Times donde plantea que la inseguridad amenaza a México, seguido por un análisis en el semanario The Economist que menciona el papel de los cárteles en México, con énfasis en Chiapas.
De ahí vino una primera plana en The New York Times, en la misma línea de lo señalado por el periódico financiero londinense.
Al equipo de propaganda presidencial se le olvidó uno en The Washington Post sobre el control de los cárteles sobre la economía familiar presentado en un cuarto de su portada, ni vieron otro en The Guardian en la línea de su influencia en las elecciones.
Tampoco alcanzaron a registrar que al día siguiente Los Angeles Times publicó en su primera plana cómo la violencia electoral ha crecido.
