La ruta del azufre en la refinería de Cadereyta y sus emisiones

Alfonso Martínez Muñoz, Sub Secretario del Medio Ambiente de NL, DETONA® Cuando el petróleo entra a una refinería, prácticamente toda su materia tiene que terminar en algún lugar.

Por Alfonso Martínez Muñoz
Alfonso Martínez Muñoz
Unidad recuperadora de azufre de una refinería, donde el proceso Claus convierte el ácido sulfhídrico en azufre elemental. Imagen ilustrativa; no corresponde a Cadereyta. Crédito: Terry Joyce / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.
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Los hidrocarburos se destilan y se transforman en combustibles y otros productos; el agua se separa; los metales y sedimentos terminan en diferentes residuos. 

Con el azufre sucede exactamente lo mismo.

El azufre que entra a una refinería tiene que salir por algún lado.

Puede permanecer en las gasolinas, el diésel, el combustóleo, el coque, los asfaltos y demás productos; puede ser separado, recuperado y vendido como azufre elemental; puede quedar temporalmente almacenado, o puede terminar en quemadores, oxidadores térmicos, antorchas, residuos y emisiones atmosféricas.

Esta regla básica de conservación de la materia permite formular una pregunta fundamental sobre la refinería de Cadereyta: ¿dónde termina el azufre contenido en el petróleo que procesa diariamente?

En junio de 2026, la refinería de Cadereyta procesó 149,472 barriles diarios de petróleo:

  • 46,205 de crudo pesado y 103,267 de ligero.
  • La mezcla fue, por tanto, 31% pesada y 69% ligera, según la Base de Datos Institucional de PEMEX.

Durante los últimos tres años completos, Cadereyta procesó un promedio diario de 118,707 barriles en 2023, 142,958 en 2024 y 146,547 en 2025. 

En junio de 2026 llegó a casi 150 mil barriles diarios.

La información pública no revela la concentración real de azufre de la mezcla recibida por Cadereyta. 

Sabemos, sin embargo, que los crudos mexicanos presentan diferencias importantes. 

El Maya, pesado, contiene como referencia entre 3.4% y 3.8% de azufre, mientras que el Istmo, ligero, contiene aproximadamente 1.8%.

Esto significa que diariamente entra a Cadereyta una cantidad considerable de azufre

Pero el azufre contenido en el crudo no debe confundirse con las emisiones. 

Antes de llegar a la atmósfera puede seguir diferentes rutas dentro del proceso de refinación, cuyo objetivo debe ser reducir al mínimo las emisiones.

¿Cómo se retira el azufre?

El retiro del azufre depende de una cadena de procesos.

Primero, las plantas hidrodesulfuradoras extraen los compuestos azufrados presentes en gasolinas, diésel y otras corrientes. 

La hidrodesulfuración no destruye el azufre: lo transforma principalmente en ácido sulfhídrico —H₂S—, un gas tóxico, inflamable y de olor característico.

Después, los sistemas de aminas separan y concentran el H₂S en una corriente denominada gas ácido. 

Este gas se envía a las plantas Claus, también conocidas como recuperadoras de azufre, donde el H₂S se transforma en azufre elemental con valor comercial.

Una planta Claus convencional no recupera todo el azufre. El gas que sale todavía puede contener H₂S, dióxido de azufre —SO₂—, sulfuro de carbonilo —COS—, disulfuro de carbono —CS₂— y vapor de azufre.

Por eso existen las plantas de tratamiento de gas de cola, que constituyen una barrera adicional antes de que esa corriente llegue a los oxidadores térmicos o quemadores. 

Cuando todo el sistema funciona correctamente, la recuperación global puede acercarse a 99%, según la literatura técnica.

La importancia de esta cadena es evidente: no basta con que funcione una hidrodesulfuradora. 

También deben operar correctamente los sistemas de aminas, las plantas Claus, el tratamiento del gas de cola, los oxidadores térmicos y todos los equipos auxiliares.

Una falla en cualquiera de estos eslabones modifica el destino del azufre.

Lo que ha trascendido sobre las plantas

En 2024 trascendió que solamente funcionaban dos unidades de proceso Claus en Cadereyta

Una publicación de Lino Zentella del 5 de julio de ese año señaló que estaban operando las plantas 4 y 6, mientras que las plantas 1, 3 y 5 se encontraban fuera de servicio y la número 2 había sido desmantelada.

Debe precisarse que se trató de una denuncia periodística y no de una inspección oficial. Esa publicación tampoco permite acreditar por sí sola el estado actual de las unidades.

Al cierre de este editorial no se localizó un informe público de PEMEX o una resolución de la autoridad competente que detalle, planta por planta, cuáles recuperadoras de azufre se encuentran actualmente en funcionamiento.

El Gobierno de Nuevo León ha dado seguimiento a la situación operativa y ambiental de la refinería dentro del ámbito de sus atribuciones. 

Como resultado de las gestiones realizadas en 2025, PEMEX informó que rehabilitaría la planta recuperadora de azufre número 3

La información recibida recientemente sobre su reactivación constituye una señal positiva, pero debe acompañarse de datos oficiales que permitan conocer su capacidad utilizada, eficiencia y contribución real a la recuperación total de azufre. 

Por ello, el Gobierno estatal continuará solicitando a PEMEX y a las autoridades federales competentes detalles sobre la operación de la refinería.

Una fuente con conocimiento de la operación señaló recientemente que después de un periodo sin operar esta unidad habría vuelto a funcionar. 

Al cierre de este editorial no se cuenta con una confirmación documental pública de PEMEX o de la autoridad competente; por ello, el dato se presenta como información todavía no confirmada.

De confirmarse la reactivación de la planta 3, y si las plantas 4 y 6 conservan la condición operativa reportada en 2024, podrían encontrarse funcionando tres recuperadoras de azufre: las plantas 3, 4 y 6.

La reactivación de la planta 3 representaría una mejora importante respecto de la situación reportada en 2024, pues aumentaría la capacidad disponible para transformar el H₂S en azufre elemental y podría reducir la cantidad de azufre que no se recupera.

Sin embargo, continúa siendo necesario conocer la capacidad real utilizada y la eficiencia de cada unidad

Que una planta se encuentre funcionando no significa necesariamente que opere a plena capacidad ni permite determinar cuánto azufre recupera diariamente.

Tampoco se localizó información pública suficiente para determinar el estado operativo actual de las unidades de tratamiento de gas de cola. 

Sin esa confirmación no puede afirmarse responsablemente que se encuentren funcionando ni que permanezcan fuera de servicio. 

A pesar de la antigüedad de la refinería de Cadefeyta no se encontró información sobre su mantenimiento o sustitución después de que fueron instaladas al inicio de la operación.

Es muy importante que estas plantas funciones porque constituyen una barrera adicional para reducir los compuestos de azufre remanentes en el gas que sale de las plantas Claus.

Una parte importante del azufre permanece en los productos

No todo el azufre que entra con el petróleo se retira durante la refinación. Una parte permanece en los productos finales, especialmente en las fracciones más pesadas.

La Base de Datos Institucional de PEMEX reporta que en junio de 2026 Cadereyta elaboró diariamente 57,572 barriles de gasolinas, 41,388 de diésel, 34,508 de combustóleo pesado, 2,620 de asfaltos y 7,906 barriles equivalentes de coque. También produjo gas seco y gas licuado.

La distribución del azufre entre estos productos no es uniforme.

Las gasolinas y el diésel deben tener concentraciones muy bajas para cumplir con las especificaciones de calidad. 

El diésel de ultra bajo azufre, por ejemplo, tiene un límite de 15 miligramos por kilogramo. 

En consecuencia, aunque Cadereyta produce volúmenes importantes de estos combustibles, la cantidad de azufre que permanece en ellos debe ser relativamente pequeña si efectivamente cumplen las especificaciones.

La situación es muy diferente en el combustóleo, el coque y los asfaltos.

Estos productos proceden de las fracciones más pesadas del petróleo. 

A medida que una refinería extrae gasolinas, diésel y otros componentes ligeros, buena parte del azufre que no fue separado se concentra en los residuos.

El combustóleo pesado mexicano puede contener alrededor de 3.9% de azufre. 

Los asfaltos pueden contener aproximadamente 5.1%, mientras que el coque de petróleo mexicano puede alcanzar concentraciones cercanas a 7%, de acuerdo con referencias técnicas utilizadas para analizar la distribución del azufre en el Sistema Nacional de Refinación.

Un estudio sobre el coque producido en Cadereyta lo describe precisamente como un producto residual de alto contenido energético, pero también con alrededor de 7% de azufre y presencia de metales como vanadio y níquel.

Estas concentraciones son referencias técnicas, no análisis de laboratorio de los productos elaborados en junio de 2026. 

Para conocer el contenido real sería necesario acceder a las mediciones que PEMEX realiza sobre cada corriente.

Sin embargo, permiten entender algo esencial: producir combustibles de bajo azufre no significa que todo el azufre haya sido eliminado de la refinería

Una parte puede haber sido trasladada y concentrada en combustóleo, coque y asfaltos.

Desde el punto de vista del balance interno, ese azufre salió de la refinería contenido en un producto.

 Desde el punto de vista ambiental, su historia todavía no termina.

Si el combustóleo o el coque se queman posteriormente, el azufre contenido en ellos puede convertirse en SO₂ en el lugar donde se utilicen. 

Si una parte del combustóleo se consume como combustible dentro de la propia refinería, las emisiones se generan en Cadereyta. 

Si se vende y se quema en otra instalación, las emisiones ocurren en otro sitio.

Por eso es necesario distinguir entre el azufre que sale físicamente de la refinería y el azufre que realmente deja de constituir un riesgo de emisión.

Alfonso Martínez Muñoz
Es doctor en Ciencias Agrarias por la Universidad de Gotinga, Alemania, y realizó un posdoctorado en el Colegio de Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Utah, en Estados Unidos. Cuenta además con una especialización en Gestión Ambiental Urbana e Industrial en Singapur. Ha desarrollado una amplia trayectoria como profesor-investigador, directivo universitario y funcionario público en los ámbitos federal y estatal. Actualmente se desempeña como Subsecretario de la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de Nuevo León. Participó en el diseño y la creación de la primera Secretaría de Medio Ambiente del estado y, desde su establecimiento, ha contribuido al desarrollo y la implementación de políticas públicas en materia de calidad del aire, acción climática, gestión integral del agua, biodiversidad, economía circular, gestión de residuos y restauración socioambiental.