EU lleva a juicio a la “4T” y Noroña calla a la oposición
La sentencia mediática y subliminal fue contundente: Los dos son cómplices.
Cada uno de los funcionarios que hablaron lo dijeron con claridad: “El Mayo” y su “imperio de cocaína” sólo pudo existir gracias a los sobornos y a la red de complicidades que construyó con altos funcionarios gubernamentales.
Washington dio así el “banderazo de salida” no solo para llevar a cadena perpetua a un criminal confeso sino para llevar a juicio a una red político-delincuencial que creció en los últimos siete años bajo el amparo de un régimen.
Dos representantes de las agencias de seguridad lanzaron una advertencia: Esta confesión –la de “El Mayo”– no es el fin de la lucha. Sabemos que hay otros líderes, otros criminales y los vamos a extraditar y procesar.
Para Estados Unidos “El Mayo” es sólo la “punta del iceberg”. Y eso explica por qué no se le condenó a muerte. El líder más poderoso, antiguo y experimentado del Cártel de Sinaloa vale más vivo que muerto.
Conoce cada uno de los capítulos de la narcopolítica mexicana, especialmente el que lleva por título: “Abrazos, no balazos” y que, seguramente escribió junto con El Chapo y López Obrador.
Pam Bondi y cuando menos 17 funcionarios de las agencias de seguridad de Estados Unidos utilizaron la confesión de “El Mayo” para dar una demostración de fuerza y poder. Para decirle al gobierno de México: Estados Unidos llevó a juicio a uno de los criminales más buscados. Lo detuvimos, sin avisarte, porque tú formas parte de lo mismo y no confiamos en ti.
El juicio a “El Mayo” y la advertencia de Estados Unidos de que vendrán por más capos estaba en la agenda del Congreso mexicano, pero el senador Fernández Noroña lo impidió. Cerró arbitrariamente la sesión para evitar que la oposición ventilara en el pleno lo que un juez norteamericano y la fiscal Pam Bondi confirmaron públicamente: los vínculos de “El Mayo” con políticos mexicanos en funciones.
Ese y no otro fue el trasfondo de los golpes, empujones y gritos entre Fernández Noroña y “Alito”, Alejandro Moreno. El Presidente del Senado, un tirano bananero, utilizó su poder como legislador para callar a la oposición y tratar de enterrar una verdad que ya apesta y flota: Morena es un narco partido.
La oposición tendría que hacer en México una réplica del juicio que los norteamericanos –de manera subrepticia– están haciendo a los gobiernos de la Cuarta Transformación.