EU y Cuba deben dejar radicalismos

La situación es delicada, pero no irreversible.
Creo firmemente que debe abrirse una etapa de negociación y de diálogo civilizado entre los gobiernos de Washington y La Habana.
Persistir en los radicalismos sólo agravará el sufrimiento del pueblo cubano.
Confío en que la presidenta Claudia Sheinbaum pueda influir ante el presidente Donald Trump para que no utilice la fuerza ni busque estrangular económicamente a Cuba mediante la amenaza de impedir la llegada de petróleo a la isla.
Una medida de esa naturaleza sería sumamente agresiva y tendría consecuencias humanitarias profundas.
También apelo a la raíz cubana del secretario de Estado, Marco Rubio.
Considero que esa condición puede ser un puente para abrir un proceso de diálogo flexible, armonioso y civilizado que permita una transición pacífica, sin imposiciones externas.
El diseño del futuro político de Cuba compete exclusivamente a los cubanos; ningún gobierno extranjero debe imponer un nuevo régimen.
Reconozco, sin embargo, que el gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel debe dar pasos importantes hacia una apertura.
Es necesario permitir más partidos políticos y elecciones libres, respetar la libertad de expresión y de manifestación, y abrir la economía a la inversión privada para que fluya capital que genere empleos y oportunidades.
Sin reformas políticas y económicas profundas, será difícil construir estabilidad.
Cuando fui embajador de México en Cuba, en el año 2000, dialogué en diversas ocasiones con el entonces comandante Fidel Castro.
En esos encuentros le propuse que Cuba volteara a ver al modelo chino.
Señalé cómo China, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, se abrió económicamente y logró que, de sus mil quinientos millones de habitantes, más de la mitad alcanzaran condiciones de prosperidad y el resto avanzara hacia la superación de la pobreza.
Yo proponía que Cuba se abriera a las inversiones, que se ampliara la participación política —incluso con el Partido Comunista como fuerza dominante—, que existiera libertad de expresión y espacio para la crítica.
Esas siguen siendo mis propuestas.
Me preocupa profundamente la decisión del presidente Donald Trump de imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba.
Es una medida agresiva que puede provocar mayores problemas.
Una parte considerable del pueblo cubano vive en pobreza extrema; si se cortan los suministros de petróleo, la crisis energética se profundizará, habrá más apagones y mayores restricciones en gasolina y servicios básicos.
Si esa decisión se concreta, hago un llamado a instituciones filantrópicas, humanitarias y fundaciones internacionales para que se preparen a canalizar alimentos, medicamentos, ropa, calzado y artículos esenciales a la población cubana.
Podrían venir días mucho más difíciles.
A pesar de todo, sigo creyendo en una salida diplomática y negociada.
Mi sensibilidad me dice que el talento cubano y el talento estadounidense pueden imponerse sobre la confrontación.
Confío en que Marco Rubio pueda abandonar posturas de fobia y radicalismo y persuadir al presidente Trump de diseñar una estrategia conciliadora con Cuba.
De la misma manera, espero que el presidente Díaz-Canel, su gobierno y el ejército cubano actúen con prudencia para evitar una conflagración de consecuencias imprevisibles.


