Oda a la Sierra Madre Oriental

Y aquí, junto a nosotros, tenemos no cualquier montaña, sino la Sierra Madre Oriental.
Aunque crecí en la ciudad, mis padres venían de comunidades rurales y visitar a los abuelos implicaba, inevitablemente, acercarse a la naturaleza.
Yo, en realidad, visitaba más a la naturaleza que a la familia: me salía a caminar, a explorar, a observar. Desde niño entendí que ese sería el pasatiempo que más me marcaría.
Incluso de niño, contagié esa inquietud. Convencía a mis amigos, cien por ciento urbanos, de salir a caminar, de internarnos en los cerros y de descubrir veredas.

La Sierra Madre Oriental es espectacular no solo por su presencia, sino por su carácter.
Es una sierra que limpia el aire, que condensa nubes, que captura agua y la devuelve en forma de manantiales y ríos.
Es aire más limpio, es temperatura más baja, es equilibrio climático.
A inicios de cada año procuro subir a una cumbre.
Lo hago por gusto, pero también -como decimos- para calarme, para saber cómo ando y ajustar el paso.
Este 4 de enero subí a la "Eme", una de las cimas que más me gustan.
Ir a la montaña es un ejercicio completo: físico, mental y emocional.

