¿Qué determina el tiempo que vivimos? ¿Qué dice la ciencia?

Fumó desde los 20 hasta los 117 años y, aun así, alcanzó una edad excepcional.
Su caso no contradice a la ciencia, más bien muestra que algunas personas cuentan con una notable resiliencia biológica desde el nacimiento.
Durante décadas se pensó que la duración de la vida dependía sobre todo del entorno y de los hábitos personales, se creía que la genética tenía un papel secundario.
Sin embargo, una investigación reciente publicada en la revista Science mostró que la herencia influye mucho más de lo que se pensaba.
El estudio puede consultarse en el siguiente enlace: https://www.science.org/doi/10.1126/science.adz1187
Al separar las muertes por causas externas de las asociadas al envejecimiento biológico, los investigadores encontraron que cerca de la mitad de nuestra longevidad puede atribuirse a factores hereditarios.
Esto significa que nacemos con una distinta capacidad biológica para resistir el deterioro.
Esa capacidad depende en buena medida de nuestros genes, influye en la velocidad con la que envejecemos y en nuestra resistencia a las enfermedades. A ello se suma el entorno en el que vivimos.
El propio estudio ayuda a dimensionar su importancia.
Sus resultados muestran que cerca de la mitad de la longevidad depende de las condiciones en las que transcurre la vida, las condiciones sociales y ambientales influyen directamente en el riesgo de morir de forma prematura.
Por ello, las desigualdades se traducen en diferencias en salud y esperanza de vida, el estilo de vida sigue siendo un factor clave, no fumar ayuda, comer de forma equilibrada también, hacer ejercicio es fundamental, dormir bien marca la diferencia, manejar el estrés protege la salud.
Mantener vínculos sociales fortalece el bienestar, la evidencia es clara, los malos hábitos acortan la vida, los buenos la prolongan y mejoran su calidad.
A esto se suma el acceso a la prevención y a la atención médica, la vacunación salva vidas, los chequeos oportunos previenen complicaciones.
El control de enfermedades crónicas evita muertes prematuras.
La detección temprana permite tratamientos más eficaces, todo ello ha contribuido a extender la vida promedio en el mundo.
En conjunto, la ciencia muestra que una parte importante de nuestra longevidad viene determinada desde el nacimiento, pero otra parte se construye día a día.
No todos partimos del mismo punto, pero todos podemos influir en el rumbo, comprender qué determina el tiempo que vivimos no es solo una curiosidad científica.
Es una herramienta para diseñar mejores políticas públicas, sirve para fortalecer la prevención, ayuda a fomentar una cultura del cuidado, vivir más no debe ser el único objetivo.
Vivir mejor debe ser siempre la prioridad, con salud, con autonomía y con dignidad.
