
Y no es porque de pronto hayan dejado de creer en el poder infinito de Dios todopoderoso divino engendro universal, padre de la humanidad y esperanza de salvación eterna.
No.
También habrá muchos jardines que arreglar, y los jardineros no acudirán.
Y habrá numerosos platillos que repartir, pero los repartidores optarán por faltar al trabajo y quedarse en su casa, fingirán estar enfermos, algo se inventarán, pero el hecho es que no cumplirán con esa obligación tan fundamental que es la de treparse en la moto y portar una mochila.
Pero no es falta de fe, ni flojera, ni irresponsabilidad.
Muchos, muchísimos se quedarán en su casa porque en Nueva York, en un estadio a reventar de millonarios y aficionados con suerte, jugarán España contra Argentina, y eso la verdad pesa, importa más que los jardines, más que los repartos, más que la rutina, más que Dios.



