Garrapatas: un riesgo que también aumenta con el calor

Pero existe otro riesgo que suele recibir menos atención: el aumento de la actividad de las garrapatas.
El principal peligro no es la pequeña lesión que producen en la piel, aunque en algunos casos puede causar inflamación o reacciones alérgicas.
El verdadero problema son los microorganismos que ciertas garrapatas pueden transmitir: bacterias, virus y protozoarios capaces de provocar enfermedades graves e incluso mortales.
La estrategia para reducir el impacto de estas enfermedades consiste en combatir a los vectores que las transmiten.
En este caso, implica prevenir y controlar las infestaciones por garrapatas en los animales, las viviendas, los patios y los espacios públicos.
Animales sorprendentes
Las garrapatas no son insectos, sino arácnidos emparentados con las arañas y los ácaros.
Existen garrapatas duras, con una placa dorsal llamada escudo, y garrapatas blandas. Su ciclo comprende cuatro etapas: huevo, larva, ninfa y adulto.
La larva tiene seis patas, la ninfa y el adulto, ocho.
Algunas especies completan su desarrollo en un solo hospedero, otras utilizan dos o tres.
En las de tres hospederos, la larva se alimenta, cae al suelo y muda a ninfa; la ninfa busca otro animal, vuelve a alimentarse y se transforma en adulto.
Este ciclo dificulta su control y favorece la circulación de microorganismos entre animales y personas.
Las garrapatas no saltan ni vuelan.
Detectan la presencia de posibles hospederos mediante el dióxido de carbono que exhalan, el calor corporal, las vibraciones y distintos olores.
Algunas especies pueden reconocer señales asociadas con los animales que parasitan habitualmente.
Muchas se colocan en los extremos de los pastos, la hojarasca y la vegetación baja, desde donde se adhieren cuando pasa una persona o un animal.
Otras, como la garrapata café del perro, pueden refugiarse en grietas, madera, patios, perreras y lugares húmedos o protegidos dentro y alrededor de las casas.
En el noreste de México, las garrapatas pueden transmitir, además de la rickettsiosis y la enfermedad de Lyme, otras enfermedades como la ehrlichiosis, la anaplasmosis, la babesiosis y algunas fiebres recurrentes causadas por bacterias del género Borrelia.
Todas merecen atención y vigilancia, sin embargo, en este editorial me concentraré en las dos que, a mi juicio, son más importantes para nuestra región: la rickettsiosis y la enfermedad de Lyme.
La rickettsiosis: un problema urbano.
En el norte de México, una de las enfermedades de mayor importancia es la fiebre manchada causada por Rickettsia rickettsii. Uno de sus principales vectores es la garrapata café del perro, Rhipicephalus sanguineus.
Es una garrapata de tres hospederos, pero sus larvas, ninfas y adultos muestran una marcada preferencia por los perros y pueden completar su ciclo en patios, parques, grietas y viviendas.
Los perros mantienen en muchos casos las poblaciones de garrapatas y funcionan como centinelas epidemiológicos.
Sin embargo, la transmisión no depende solamente de un perro infectado: las propias garrapatas pueden conservar la bacteria entre etapas de su desarrollo.
La rickettsiosis en humanos suele comenzar con fiebre, dolor intenso de cabeza, dolores musculares, náusea, vómito o dolor abdominal; después pueden aparecer manchas rojizas en la piel.
Si el tratamiento se retrasa, puede producir daño vascular, neurológico y multiorgánico, los niños son particularmente vulnerables y la enfermedad puede ser especialmente peligrosa para ellos.
Lo que encontró el estudio de Nuevo León.
Una investigación publicada en 2026 en Gaceta Médica de México analizó 381 casos confirmados de rickettsiosis en pacientes de cero a 16 años atendidos en Nuevo León entre 2013 y 2024.
Encontró que las temperaturas más elevadas se asociaron con un mayor número de casos.
El análisis geoespacial identificó cuatro conglomerados principales en el Área Metropolitana de Monterrey, que se pueden observar en el mapa.
El estudio aporta evidencia local de que, a mayor temperatura, se presentaron más casos.
También muestra que los casos no se distribuyen uniformemente:
Se concentran en zonas de alta densidad poblacional donde coinciden factores que incrementan el riesgo, como perros callejeros sin control veterinario, viviendas infestadas y marginación social.


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