Internacional

Crisis diplomática en Rebild: Groenlandia deja a EEUU fuera de su propio festejo en Dinamarca

Por primera vez en más de un siglo, la histórica celebración del 4 de julio en las colinas de Rebild, Dinamarca, no contará con la presencia de representantes del gobierno estadounidense.

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Por Redacción DETONA
Dinamarca celebra una gran fiesta el 4 de julio. Este año, Estados Unidos no está invitado
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La razón: 

El profundo malestar que causó el intento del expresidente Donald Trump de comprar Groenlandia, un territorio autónomo danés. 

Ante esta polémica, las autoridades locales presionaron a la organización del evento para vetar a la delegación de Washington, un hecho sin precedentes en la historia del festival.

Tradicionalmente considerado el festejo del Día de la Independencia de EEUU más grande fuera de sus fronteras, este encuentro anual solía congregar a miles de personas entre banderas norteamericanas, perritos calientes, música tradicional, cerveza y aquavit. 

Sin embargo, este año el panorama es drásticamente distinto, y se proyecta la peor cifra de asistencia de su historia.

Un ultimátum financiero y político

La iniciativa del veto fue liderada por Lasse Olsen, un concejal municipal que calificó la actitud de Trump como "imperialista". 

Olsen encabezó una propuesta que puso en jaque a la organización: 

O se excluía a los funcionarios de la Casa Blanca, o el festival perdería el soporte logístico y los cerca de 50,000 dólares de financiamiento público. >

"No queremos que nadie le lance una bebida al embajador", admitió Bruce Bro, un empresario jubilado de origen danés-estadounidense y miembro de la junta directiva de la Sociedad del Parque Nacional Rebild. 

Aunque lamenta la situación, Bro respaldó la decisión de mantener alejados a los diplomáticos para evitar altercados.

Por su parte, la embajada de Estados Unidos en Copenhague optó por el silencio y prefirió no emitir comentarios al respecto.

Del auge masivo al declive generacional

La tradición comenzó en 1912 gracias a Max Henius, un bioquímico danés-estadounidense que impulsó la compra de estos terrenos para festejar la hermandad entre ambas naciones. 

En sus inicios, el festival era el punto de encuentro ideal para los emigrantes que regresaban de vacaciones desde el Medio Oeste norteamericano. 

Tras la Segunda Guerra Mundial, en pleno auge del afecto hacia EEUU, la cita llegó a reunir a más de 50,000 personas.

No obstante, los lazos culturales se han ido desgastando con los años:

  • Asistencia actual: En tiempos recientes, la cifra apenas superaba los mil asistentes. Para esta edición, los organizadores temen ni siquiera alcanzar ese número.
  • Falta de relevo: El comité organizador confiesa que su mayor reto actual es captar el interés de las nuevas generaciones.
  • El factor Groenlandia: La tensión política ha ahuyentado tanto a jóvenes como a mayores, quienes rechazan la idea de celebrar el patriotismo estadounidense con fondos públicos daneses tras las amenazas de anexión territorial.

El festival sigue en pie, pero sin "pesos pesados"

A pesar del vacío diplomático, el evento mantendrá sus actividades habituales de manera descafeinada: 

Se entonarán ambos himnos, habrá exhibiciones de autos clásicos americanos, puestos de comida y recreaciones de personajes históricos. 

Los ciudadanos estadounidenses que deseen asistir a título personal siguen siendo totalmente bienvenidos.

Sin embargo, el perfil político del evento ha decaído notablemente. 

Mientras que en el pasado Rebild recibió a figuras de la talla de Richard Nixon, Ronald Reagan, Walt Disney o la cantante Dionne Warwick, este año la representación del gobierno danés recaerá en un ministro de perfil bajo.

Lasse Frimand Jensen, alcalde de Aalborg (uno de los municipios organizadores), confirmó que el veto a los funcionarios de EEUU se consensuó directamente con el gobierno central de Dinamarca, liderado por la primera ministra Mette Frederiksen, quien ya había tenido roces con Trump por defender la soberanía de Groenlandia.

Mientras los carritos de golf y las banderas estatales se preparan en el valle de Rebild, el ambiente que se respira es de resignación.

"Es muy triste", concluyó Bro, "queremos mantener viva la tradición, pero la culpa de esto la tiene Trump".