La caída de un gobernador

Aquel lejano mes de noviembre de 1985 recibí un llamado urgente con la inscripción de que me presentara en la oficina del licenciado Raúl Garza de la Garza, entonces director de Prensa del Gobierno de Nuevo León.
Puntual, llegué a su despacho.
Recuerdo que el funcionario se encontraba sentado en su mullido sillón.
Sobre el escritorio revisaba con rigor quirúrgico unos documentos; era mi expediente periodístico, por cierto, muy escaso.
De nariz aguileña y cabello lacio, el funcionario fumaba como sentenciado a muerte.
Sus enormes gafas escondían una mirada de lince, que de entrada, me escaneó de pies a cabeza:
"¡Carajo!, ¿y este pinche huerco nos irá a dar resultado?”, casi presentí leer sus pensamientos.
Tenía apenas 24 años de edad y "estaba en pañales" en el Periodismo, una profesión que ahora me apasiona.
Entonces Don Raúl, me observó de nuevo, dio una larga bocanada a su cigarro Marlboro, expelió el humo casi en mi cara y me soltó con desgano.
- “Francisco Peña has sido asignado a cubrir la próxima reunión de gobernadores fronterizos que se celebrará en Las Cruces, Nuevo México”, dijo amoscado mientras me entregaba un par de boletos viaje redondo Monterrey-Ciudad Juárez.
Me informó que en esa misión acompañaría al maestro Daniel Dimas Segovia, su segundo en el puesto y a Jesús Iglesias Leroux, redactor de Prensa de Gobierno, quien haría también las veces de fotógrafo en aquella travesía.
Luego, mandó llamar a Dimas y me lo presentó sin mucho protocolo.
Alto, robusto, de inminente melena gris, elegantísimo y jovial, el Maestro me saludó con un fuerte apretón de mano, sin imaginar que el breve encuentro sellaría una larga amistad llena de grandes momentos y de singulares anécdotas.
Salí de la oficina confundido preguntándome.
“¡¿Y yo por qué?!”
Tenía poca experiencia como periodista y en una extraña decisión, el ingeniero Fernando Von Rossum, en aquel tiempo director del Canal 28 de Televisión había decidido enviarme como relevo de David Casas Sauceda, quien cubría la fuente de gobierno para la televisora y se movía en ese ambiente como “pez en el agua”.
Periodista de colmillo retorcido Casas era una “vaca sagrada” en el periódico El Universal donde se desempeñaba como corresponsal en Nuevo León y ya antes, había sido colaborador estrella del programa “Cuentas Claras y Noticias” que conducía el polémico comunicador Antonio De Mendieta en el Canal 8 de Imevisión, hoy TV Azteca.
Por eso seguía cuestionándome en mis adentros:
“¡¿Y yo por qué?!”.
Total, en unos días estábamos trepados con todos nuestros tiliches en un avión de Aeroméxico, Dimas, Chucho Iglesias, mi camarógrafo Jesús Cárdenas y yo convertido en un manojo de nervios, quizás porque era mi primer vuelo, ellos felices y relajados, como si fueran a un día de campo.
Ya puestos a salvo en el aeropuerto de Ciudad Juárez rentamos un flamante automóvil Cougar en el que nos trasladamos a nuestro destino.
Cruzamos El Chamizal, ese pedazo de tierra mexicana del que los gabachos picudos se apropiaron en 1864 y que tantos conflictos causó antes, durante y después de la Revolución; en ese punto, Chucho Iglesias nos dio una cátedra larguísima de historia que se prolongaría hasta llegar a Las Cruces, Nuevo México; pequeña y pintoresca población ubicada en el condado de Doña Ana.
Al arribar a esta espléndida ciudad de influencia mexicana nos trasladamos al hotel Holiday Inn México donde el gobierno de los Estados Unidos ofrecía una recepción a los gobernadores de ambas partes de la frontera.
Ahí nos topamos con Filiberto Garza, entonces reportero de El Porvenir, que a la postre me presentaría al gobernador Jorge Treviño, con quien por cierto “Fili” mantenía relaciones muy frías por su estilo aguerrido y arrebatado de ejercer el periodismo.
Después de platicar por varios minutos con el mandatario y deleitarnos con unos jaiboles de whisky nos retiramos a nuestras habitaciones, pero antes Jorge Treviño nos hizo una invitación:
- “¿Qué les parece si vamos a correr mañana muchachos?”.
- “¿A qué horas gobernador?”, preguntó “Fili”.
- “¿Les parece a las seis de la mañana?”, reviró el gober.
“No si quiere nos vamos desde ahorita”, pensé yo.
Las Cruces era un verdadero refrigerador de varios grados bajo cero, que haría titiritar a un pingüino.
Al llegar al hotel que teníamos asignado como staff de prensa me trasladé al cuarto del maestro Daniel Dimas para informarme de los pormenores del evento inicial.
Lo encontré sentado a la orilla de la cama con una cubeta de cervezas y revisando la agenda de actividades que tendríamos que cubrir al día siguiente.
- "Chíngate unas cervezas, estás perdiendo horas trago", me dijo socarrón sin apartar la vista en los documentos que estaba revisando.
