La guerra (realmente) sucia
Por las señales que está enviando Xóchitl Gálvez desde que comenzó este año, la campaña presidencial que arranca el primero de marzo va a ser de contrastes y ataques, que apunta a una contienda polarizada.
Lo está delineando en spots que empezaron a aparecer en medios electrónicos el 2 de enero, donde subraya las mentiras del presidente Andrés Manuel López Obrador y alineó sus ideas y fuerza en el discurso que pronunció el domingo en el cierre de su precampaña sobre seguridad –un país tapizado de muertos–, salud –la incompetencia que provocó un exceso de mortalidad escandaloso– y educación –con la perla de los nuevos libros de texto–.
Ha dejado claro también que se irá al cuello de López Obrador, como eje de la campaña de Morena, y mantendrá a Claudia Sheinbaum como una candidata que no actúa por sí misma.
Una campaña de contraste es, por definición, negativa, pero no significa campaña negra o guerra sucia, como parece ser la ruta que López Obrador utilizará de manera discrecional para restarle poder, creatividad y posiblemente artimañas a la estrategia de Gálvez, que ha dado muestras de que finalmente ha elaborado y trazado como hoja de ruta.
El Presidente tomó en los últimos días una decisión que va en ese sentido, luego de que el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, le diera un informe sobre el cuarto de guerra de Gálvez.
Gertz Manero, que montó desde el año pasado un equipo de inteligencia fuera de la Fiscalía General –en una casa suya– para monitorear las actividades de Gálvez y una veintena de figuras de la oposición, así como también las de Sheinbaum –en su momento también Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal–, o personas en el entorno más cercano de López Obrador con fines electorales, le entregó un reporte sobre Sergio Zaragoza, quien es uno de los integrantes del cuarto de guerra de Gálvez, a donde llegó de la mano del activista Claudio X. González.
