EL PAIS está partido y dividido. Eso tiene tiempo, pero ahora tenemos certeza, con el resultado de las elecciones del pasado domingo.
De cada diez personas, incluyendo familiares y amigos, cuando menos seis están a favor de la cuarta transformación y cuatro, están en contra, aunque, por el sistema democrático de mayorías, los primeros son los que dictarán y tomarán las decisiones que afectan a todos; lo que polariza más el ambiente…
HACE SEIS años llegó al poder un grupo de izquierda con el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, que antes de vivir en Palacio Nacional, se quejaba, una y otra vez, que le habían quitado el triunfo mediante un fraude electoral, incluso con paros y bloqueos, como los campamentos en la avenida Reforma de la Ciudad de México.
Ahora ocurre lo mismo, pero al revés: son el PRI, el PAN y el PRD (que ya perdió su registro como partido) los que impugnan las elecciones, alegando que hubo fraude electoral en contra de ellos.
Y en algunos casos, por lo cerrada de las votaciones, quizá logren cambiar el sentido de algún resultado (como el caso de Karina Barrón y Luis Donaldo Colosio que luchan por el segundo lugar), pero en términos generales, todo está consumado…
PARA millones, sí, millones de personas, resulta inconcebible que haya ganado de nuevo la cuarta transformación, con Claudia Sheinbaum a la cabeza, y por cinco millones de votos más, que los que obtuvo hace seis años AMLO.
No les cabe en la cabeza que hayan perdido sus candidatos.
Menos si en la casilla en la que fueron a votar ganó y por mucho, el PAN, o el PRI, y su candidata presidencial, Xóchitl Gálvez, obtuvo mayoría.
Se sienten, y se dicen, robados. Y ya han empezado los movimientos de disidencia, por lo menos en las redes sociales, que pronto, quizá, estarán en las calles y, en un descuido, hasta bloqueando Reforma en la capital del país…


