Ladrón de mi trabajo

París.-
Mi hijo Cristóbal tuvo siempre el problema de cómo superarme.
En noviembre de 2022, a mis 93 años, escribí un libro dos meses después de su muerte.
Trata del desconsuelo que eso me causó y de mi relación con el heredero natural de mi trabajo.
Cuando Cristóbal tenía 7 años lo llevé a mi biblioteca.
Era un niño inseguro y sensible que resintió haber vivido lejos de su padre sus primeros años.
Encendí incienso, le pedí que se arrodillara con las manos cruzadas sobre el vientre y lo senté frente a mí.
Respiré hondo y con la mirada fija en un punto lejano le dije:
- No comienza, no termina. ¿Qué es?
Cristóbal no supo qué decir. ¿Qué adivinanza era esa?
Temía que si equivocaba su respuesta me perdería nuevamente.
-
"Va y viene", musitó.
Le dije: Eres astuto, mereces que te cuente el sentido de los koans
Inicié así a Cristóbal en los acertijos zen
Cuando cumplió 13 años le plantee el koan más difícil:
- En un bosque hay un tigre feroz con un collar de diamantes. ¿Quién se lo puede quitar?
Cristóbal -que fue mi segundo hijo- demoró 30 años en encontrar la respuesta.
