Las enaguas de Samuel
Nuevo León está viviendo una historia inconclusa y confusa, producto del salvajismo político del gobernador Samuel García, cuya cacería penal de opositores se le revirtió al colocarlo el PRI y el PAN, sus principales víctimas, en un dilema: la candidatura presidencial de Movimiento Ciudadano, sin el ángel guardián que quería de interino para que le cubriera las espaldas, porque la oposición le nombró otro, o, para efectos prácticos, dejar de ser el esquirol del presidente Andrés Manuel López Obrador contra Xóchitl Gálvez, candidata del Frente Amplio.
Qué tantos fantasmas debe tener en el clóset y qué tan grande es su miedo a la justicia, que García prefirió quedarse en Nuevo León.
Claramente porque el costo de irse sin red de protección era más alto que el beneficio, y traicionar al Presidente era menos costoso que dejar la gubernatura.
Las cosas, como las pinta García, parecen diáfanas. Pero las cosas, por sus acciones, son bastante turbias.
El Congreso no lo reconoce como gobernador y dice que el legal es a quien eligió como interino, Luis Enrique Orozco, al aducir que pidió licencia por seis meses, no “hasta” seis meses, por lo cual tiene que seguir licenciado.

