Invertir para mejorar la calidad del aire y mitigar el cambio climático se paga 15 a 1

Alfonso Martínez Muñoz, Sub Secretario del Medio Ambiente de NL, DETONA® ¿Harías una inversión que por cada dólar invertido generara alrededor de 15 dólares en beneficios para la sociedad y que, además, tuviera una tasa interna de retorno estimada del 60%?

Por Alfonso Martínez Muñoz
Alfonso Martínez Muñoz
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Estos beneficios podrían obtenerse al implementar un conjunto de 25 medidas para mejorar la calidad del aire y mitigar el cambio climático, según un informe publicado el 7 de septiembre de 2026 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Coalición Clima y Aire Limpio. 

El documento, titulado [Hidden assets: The economic and health case for climate and clean air action](https://www.unep.org/resources/hidden-assets-economic-and-health-case-climate-and-clean-air-action), evalúa estas medidas y estima sus costos y beneficios para la salud, la economía y el clima. 

Sus resultados ofrecen un argumento poderoso para actuar: reducir las emisiones puede evitar enfermedades y muertes prematuras, disminuir gastos médicos, mejorar la productividad y prevenir daños climáticos.

Los 15 dólares representan beneficios para la sociedad, incluido el valor de vivir más años y con mejor salud. 

Incluso considerando únicamente beneficios de mercado, como los ahorros médicos, la productividad y los daños materiales evitados, el informe estima un beneficio de aproximadamente cuatro dólares por cada dólar invertido.

El costo de seguir contaminando se distribuye entre familias que pagan tratamientos, personas que pierden días de trabajo, hospitales que atienden enfermedades prevenibles y comunidades que enfrentan daños asociados al cambio climático. Aunque no aparezca en el presupuesto de quien genera las emisiones, alguien lo está pagando.

Esto cambia la manera de discutir la política ambiental. 

Una inversión puede parecer costosa si únicamente observamos el equipo que debe instalarse, la infraestructura que debe construirse o el presupuesto necesario para vigilar su funcionamiento. 

La evaluación cambia cuando incorporamos los daños que esa inversión permite evitar.

Esto no significa que cada dólar invertido regresaría multiplicado por quince a la tesorería de un gobierno. 

Los beneficios se distribuyen entre personas, empresas y sistemas de salud, a lo largo del tiempo.

Las 25 medidas utilizan tecnologías y prácticas existentes. Incluyen generación eléctrica renovable, eficiencia energética industrial y doméstica, controles de emisiones, detección y reducción de fugas en el sector de petróleo y gas, vehículos eléctricos, inspección vehicular y alternativas limpias para cocinar y calentarse.

También abarcan el manejo del estiércol y los fertilizantes, la reducción de las quemas agrícolas, cambios alimentarios hacia un menor consumo de proteína de carne, la recuperación de gas en rellenos sanitarios, el tratamiento de aguas residuales, la prevención de incendios y la reducción de gases utilizados en refrigeración.

La diversidad de las medidas refleja una realidad: el aire y el clima comparten muchas fuentes de contaminación, aunque requieren atender contaminantes con comportamientos distintos. 

Reducir dióxido de carbono es esencial para limitar el calentamiento de largo plazo. 

Controlar metano, carbono negro y otros contaminantes permite obtener beneficios adicionales en plazos más cortos. Los controles específicos de calidad del aire completan esa tarea.

Seguir contaminando ya tiene un costo.

Lo pagamos en salud, tiempo, productividad y daños. 

La responsabilidad pública consiste en hacer visible esa cuenta y actuar para reducirla.

Estas son las 25 medidas específicas evaluadas:

  1. Transición a generación eléctrica renovable.
  2. Controles poscombustión en centrales eléctricas e industria.
  3. Recuperación de gas asociado y reducción de venteo, quema y fugas.
  4. Reducción de fugas en gasoductos y refinerías.
  5. Recuperación y oxidación del metano de minas de carbón.
  6. Eficiencia energética y electrificación industrial.
  7. Normas de emisiones de procesos industriales.
  8. Hornos ladrilleros eficientes.
  9. Reducción de emisiones de disolventes.
  10. Eficiencia energética de edificios, iluminación y electrodomésticos.
  11. Cocción y calefacción limpias.
  12. Normas de emisiones y eficiencia vehicular.
  13. Inspección y mantenimiento vehicular.
  14. Vehículos eléctricos.
  15. Normas para maquinaria no vial.
  16. Combustibles marítimos bajos en azufre y controles de partículas y NOx.
  17. Manejo del ganado y estiércol.
  18. Aplicación eficiente de fertilizantes nitrogenados.
  19. Dietas con menos proteína cárnica.
  20. Aireación intermitente de arrozales.
  21. Reducción de quemas agrícolas.
  22. Gestión de residuos sólidos y recuperación de gas.
  23. Tratamiento de aguas residuales con recuperación de biogás.
  24. Prevención de incendios forestales y de turberas, humedales que almacenan grandes cantidades de carbono en sus suelos.
  25. Reducción progresiva de hidrofluorocarbonos (HFC).

En conjunto, estas medidas reducen emisiones de gases de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos. 

Sus efectos varían según la medida, pero el paquete permite obtener beneficios para el clima y la salud al mismo tiempo.
Alfonso Martínez Muñoz
Es doctor en Ciencias Agrarias por la Universidad de Gotinga, Alemania, y realizó un posdoctorado en el Colegio de Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Utah, en Estados Unidos. Cuenta además con una especialización en Gestión Ambiental Urbana e Industrial en Singapur. Ha desarrollado una amplia trayectoria como profesor-investigador, directivo universitario y funcionario público en los ámbitos federal y estatal. Actualmente se desempeña como Subsecretario de la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de Nuevo León. Participó en el diseño y la creación de la primera Secretaría de Medio Ambiente del estado y, desde su establecimiento, ha contribuido al desarrollo y la implementación de políticas públicas en materia de calidad del aire, acción climática, gestión integral del agua, biodiversidad, economía circular, gestión de residuos y restauración socioambiental.