Mentiras electorales
Una vez más, como ha sido recurrente a lo largo de su agonizante sexenio, el presidente Andrés Manuel López Obrador se lanzó contra medios y periodistas este lunes, y pidió a la ciudadanía que aprenda a leer periódicos, a escuchar la radio y ver la televisión, y que ya no le hicieran caso a los comentaristas o a los periodistas famosos, porque no son independientes y tienen partido, militantes de lo que ha llamado “el bloque conservador”, que abarca en su visión del mundo –literal– todo lo que no sea Morena ni sus satélites.
Traducción: El Presidente tiene miedo a que una votación copiosa el 2 de junio ponga en peligro algunas de sus joyas más preciadas y que su utopía de pasar a la historia como el gran transformador de México se rompa en las urnas.
El miedo a una derrota electoral lo ha llevado a reforzar, con sus ataques a la prensa desde Palacio Nacional, la estrategia de daño reputacional contra medios y periodistas, reflejada por ese grito de “¡no les hagan caso!”.
Golpear al mensajero ha sido el método diseñado por el jefe de la propaganda lopezobradorista, Jesús Ramírez Cuevas, que fue exitoso en la primera parte del sexenio, pero que se ha venido desgastando.
Hoy contiene la avalancha de repudio popular que habría sin ese mecanismo de inhibición y difamación, pero no puede ocultar la realidad.
Ya no les están funcionando las plumas de carne y hueso a sueldo en los periódicos y sus intelectuales orgánicos en los programas de radio y de televisión, que en lugar de defender las ideas se dedican a denostar a los periodistas que, contra lo que dice el Presidente, son independientes en su mayoría y no responden a intereses partidistas.
Los paleros de la mañaneras dejaron de ser funcionales hace tiempo para esos fines, y los periodistas e intelectuales al servicio de Ramírez no han podido apagar las voces independientes por la sencilla razón de que la verdad arrolla la propaganda.
Quiere el Presidente que se cierren los oídos, los ojos y que los electores solo se fijen en él y escuchen sus sermones matutinos.
No lo ha logrado porque los agravios son tantos que los datos son inmunes a los ataques y las descalificaciones, y el daño infligido por sus políticas públicas, o la ausencia de estas, ha impactado negativamente sobre cientos de miles de mexicanos que no tienen que leer periódicos, escuchar radio o ver noticieros de televisión para darse cuenta de esta desgracia histórica, medida en resultados, que se llama la ‘cuarta transformación’.

