Operaciones no tan secretas

El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.
Informó ayer que se había asegurado una avioneta monomotor que transportaba media tonelada de cocaína, que había sido detectada volando sobre Oaxaca, y cuya imagen congelada difundió en las redes sociales.
La imagen es similar en ángulo y formato a los videos que publica el Pentágono de las lanchas de presuntos “terroristas” supuestamente con drogas, a las que ataca en el mar, con una tecnología que, hasta donde se sabe, no tiene México.
Los drones que utilizan los militares en México –principalmente el Ehécatl, fabricado por Hydra Technologies– operan a alturas tácticas para vigilancia y reconocimiento que superan los mil metros de altura, mientras que los estadounidenses, sobre todo el más utilizado, el MQ-9 Reaper, realizan esas actividades a alturas entre 7.5 y 12 kilómetros de altura.
Los drones sirven para atacar objetivos, como lo ha instrumentalizado Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico, y en ocasiones, como ha hecho el MQ-9 Reaper varias veces sobre territorio mexicano, para recolectar información de inteligencia sobre los cárteles de las drogas.
Lo que se ve en esas imágenes es la parte final del producto de inteligencia.
Las lanchas o los aviones no son detectados por los drones, sino por la vigilancia de satélites que, cuando localizan barcos o naves en patrones clandestinos, envían la información a sus mandos centrales para que se tome la decisión de atacarlos o vigilarlos mediante los drones.
Las naves con drogas que vuelan en el espacio aéreo mexicano lo hacen a alturas tan bajas que no son registradas por los radares que tiene la Marina, como sucedió con el avión donde una unidad de élite estadounidense sacó del país a Ismael El Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López en julio de 2024, sin ser detectada.
Ninguna de las naves no tripuladas por personas que han sobrevolado el territorio mexicano han estado artilladas.
Que es lo que se supone sucedió con la pequeña avioneta, que probablemente, porque es como operan los estadounidenses, fue detectada desde que salió –presumiblemente de Colombia, de donde parten los cargamentos de cocaína–, y se notificó a las autoridades mexicanas para que la interceptaran y obligaran a aterrizar.
Esta operación muestra, por primera vez, el restablecimiento de importantes niveles de cooperación entre México y Estados Unidos en la lucha contra los cárteles, que no se había visto desde el gobierno de Felipe Calderón.
Cuando el seguimiento de cargamentos aéreos o marítimos con drogas de América del Sur era monitoreado en tiempo real por las autoridades mexicanas en una sala secreta –por el acceso limitado a ella– en el sótano del búnker de la Secretaría de Seguridad donde estaba la Plataforma México.
Esa estructura fue desmantelada por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, que rompió la cooperación bilateral, que se cerró casi por completo durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.
La nueva cooperación entre los dos gobiernos en materia de seguridad es como jugar póker con cartas abiertas:
Está todo sobre la mesa, pero no todos pueden ver lo que está ante sus ojos, la dinámica de la relación cambió después de que la CIA y el Pentágono enviaron aviones espías a sobrevolar territorio mexicano para recolectar inteligencia de los cárteles e interceptar comunicaciones sin informar al gobierno mexicano, permitiendo que sus naves fueran “vistas” por rastreadores comerciales, como una forma de presión a Palacio Nacional.
No fueron los únicos vuelos espías que se hicieron y realizan hoy en día, pero a diferencia de hace un año, los estadounidenses están notificando a los mexicanos cuando los realizan –han escalado a tres o cuatro vuelos por semana en el último mes–.
Además que se han estado superando las resistencias en México para permitir que fuerzas de élite del Ejército y la Marina de Estados Unidos realicen periodos regulares de capacitación de las fuerzas especiales mexicanas en lucha contra el terrorismo y narcotráfico.
La última fue la autorización para que un equipo de marinos del SEAL Team 2 realice capacitación y ejercicios conjuntos con marinos mexicanos en Campeche y Quintana Roo durante cinco meses.

