Monterrey: 430 años de fundación y la huella indeleble de su herencia sefardí

Coco Coindreau III DETONA® El 20 de septiembre de 1596, Diego de Montemayor fundó de manera definitiva la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, en el valle de Extremadura, a orillas de los ojos de Santa Lucía.

Por José Luis Gustavo Coindreau Salinas
José Luis Gustavo Coindreau Salinas
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  • Con apenas unas doce familias llegadas desde Saltillo, selló el tercer y exitoso intento de asentamiento español en estas tierras del Nuevo Reino de León. 

Los dos anteriores —el de Alberto del Canto en 1577 (Villa de Santa Lucía) y el de Luis de Carvajal y de la Cueva en 1582 (Villa de San Luis Rey de Francia)— habían fracasado por hostilidades, escasez y persecuciones. Hoy, en 2026, conmemoramos 430 años de aquella gesta que dio origen a la Sultana del Norte.

Más allá de la fecha oficial, la historia de Monterrey está profundamente marcada por una herencia judía sefardí que muchos regiomontanos llevan en la sangre, en las costumbres y en el paisaje urbano. 

Luis de Carvajal y de la Cueva, portugués de origen converso, recibió de Felipe II la autorización para poblar el vasto territorio sin necesidad de acreditar pureza de sangre de “cristianos viejos”. 

Trajo consigo numerosas familias de conversos —criptojudíos o “marranos”— que buscaban en el remoto y árido noreste un refugio lejos de la vigilancia de la Inquisición. 

Aunque Carvajal y gran parte de su familia fueron procesados y algunos ejecutados en el auto de fe de 1596, el proyecto colonizador perduró.

Diego de Montemayor, quien había sido su capitán, retomó la empresa y consolidó la ciudad. 

Historiadores como Vito Alessio Robles y Eugenio del Hoyo documentaron una fuerte presencia de cristianos nuevos de linaje judío entre los primeros pobladores, apellidos como Garza, Treviño, Montemayor, Chapa o Sánchez aparecen recurrentemente asociados a estos orígenes.

Esta herencia no se limitó a la genealogía. 

Dejó huellas en la vida cotidiana. Una de las más sabrosas y persistentes es el pan de semita. 

Este pan dulce, crujiente por fuera y suave por dentro, aromatizado con anís, endulzado con piloncillo y enriquecido con pasas y nuez, es emblemático de la región, especialmente en Bustamante y en las panaderías del área metropolitana. 

Su nombre evoca a los pueblos semitas y muchos estudiosos y tradiciones orales lo vinculan directamente con las prácticas de los sefardíes y criptojudíos del siglo XVI. 

Algunas versiones lo relacionan con recetas de pan ázimo (matzá) adaptadas para pasar desapercibidas durante la Cuaresma, que coincidía con la Pascua judía. 

Hoy se elabora en hornos de leña y forma parte del patrimonio gastronómico regiomontano, testimonio vivo de un mestizaje cultural que fusionó lo español, lo indígena y lo sefardí.

Aún más simbólica resulta la disposición geográfica del área metropolitana. 

Según el historiador Moisés Palacios, los primeros pobladores de origen judío-español y portugués, hostigados por la Inquisición, ubicaron las cabeceras municipales de manera deliberada para formar un Magen David (Estrella de David) en torno a Monterrey. 

Municipios como San Nicolás de los Garza, General Escobedo, Apodaca, Santa Catarina, San Pedro Garza García y Guadalupe se disponen de tal forma que, vistos en conjunto, dibujan el hexagrama sagrado alrededor del núcleo fundacional. 

Esta observación, difundida en la cultura local, añade una capa poética y espiritual a la trama urbana: 

  • La ciudad no solo nació de la perseverancia de conversos, sino que su crecimiento posterior parece haber guardado, en el mapa, la memoria de esa identidad oculta.
La herencia sefardí se manifiesta también en otras costumbres: 

El gusto por el cabrito (en lugar del cerdo), ciertas prácticas de limpieza y duelo, el espíritu emprendedor y la cohesión familiar que caracterizan al regio. 

En el siglo XX llegaron nuevas olas de inmigrantes judíos (ashkenazíes y sefardíes del Imperio Otomano), que fundaron la comunidad contemporánea, sinagogas y escuelas, pero el sustrato colonial permanece como una raíz profunda y a menudo silenciosa.

Hoy, 430 años después, Monterrey es una metrópoli industrial, universitaria y cosmopolita de más de cinco millones de habitantes en su zona metropolitana. 

Celebremos no solo la fundación de Montemayor, sino también la resiliencia de aquellos hombres y mujeres que, perseguidos por su fe, plantaron en estas tierras áridas las semillas de una identidad única. 

El pan de semita sigue horneándose, la Estrella de David se dibuja en el mapa y la memoria sefardí sigue viva en el carácter regio: 

Trabajador, leal y orgulloso de sus raíces complejas. 

¡Felicidades, Monterrey!
José Luis Gustavo Coindreau Salinas
Tengo 28 años soy Licenciado en Relaciones Exteriores y tengo toda mi vida viviendo en San Pedro Garza García. Soy nieto de José Luis “Coco” Coindreau García, uno de los fundadores del PAN en Nuevo León, y gracias a él me interesa la política, el servicio público y la participación ciudadana.