¿Están escuchando en Palacio?

En un solo fin de semana, el pasado, hubo movilizaciones, protestas y violencias en decenas de ciudades francesas, incluidas las cinco principales del país.
- Entre 550 y 800 mil personas se fueron a las calles y los choques con la policía fueron tan severos –casi mil resultaron lesionados–, que sólo el sábado detuvieron a dos mil 400 personas.
- Más de tres mil comercios resultaron vandalizados, un centenar de vehículos quedaron destrozados.
- Un manifestante murió de un infarto en París y un joven de 17 años perdió una mano en los suburbios por una granada policial.
Ayer se estableció un toque de queda nocturno en la Plaza de la República y la zona de Les Halles, donde se encuentra el centro cultural Georges Pompidou, mientras el gobierno de Emmanuel Macron se tambalea.
- El contagio del octubre francés se extendió a ocho países.
La protesta en Francia comenzó hace casi dos meses y medio en un liceo en los suburbios de París por las condiciones en las escuelas, de saturación y mantenimiento, que galvanizaron la inconformidad de múltiples sectores de la sociedad.
Los jóvenes de secundaria, preparatoria y universitarios fueron el pretexto de una rebelión callejera.
Los primeros en seguirlos fueron los belgas, que protestaron contra la calidad en la educación y los recortes presupuestales.
- En Austria salieron a las calles por los recortes presupuestales.
- En Grecia y Argentina por el financiamiento educativo.
- Italia, por la educación, los servicios públicos y el costo de la vida.
- En Alemania por la educación, el gasto público y el rearme.
- En España y Portugal por el alto costo de la vida, y la vivienda que ha detonado los alquileres.
- Y en Albania, contra la corrupción y decisiones del gobierno.
La síntesis de la inconformidad se centra en tres puntos: la crisis de las expectativas juveniles, las presiones económicas, y la desconfianza en los gobiernos.
El sábado, Federico Rampini argumentó en la sección editorial del influyente diario milanés Corriere della Sera que se vive una forma de protesta generacional que atraviesa países con sistemas políticos y económicos diferentes, sin ideología ni objetivos similares, pero que expresan la pérdida de confianza en que ni con estudio, trabajo y esfuerzo, garantizarán que tendrán una vida mejor a la de sus padres.
Rampini comienza con la revuelta en Estados Unidos, donde las movilizaciones contra la guerra en Gaza evolucionaron en movimientos que cuestionaron la desigualdad, el costo de la vivienda y las condiciones de vida.
Los fenómenos que podrían costarle al presidente Donald Trump el control en el Capitolio en las elecciones intermedias en 25 días, identificando al antisistémico alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, como el epítome de la nueva politización de la juventud.
Plantea ahí, en China, India y Europa, que hay una ruptura del pacto entre generaciones, recordando que las anteriores pudieron confiar en una relación estable entre educación, empleo y progreso social.


