Nadie pide perdón por haber nacido

Juan Pablo Saavedra DETONA® Hay fechas que el gobierno no puede permitirse entender, porque entenderlas lo obligaría a desmontar el relato sobre el que se sostiene. 

Por Juan Pablo Saavedra
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Memoria y futuro de México
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El 12 de octubre es una de ellas. 

Desde 2019 se nos pide vivirla como una herida pendiente de disculpa, y este año la exigencia llega cargada de paradoja. 

En marzo, el rey Felipe VI reconoció en Madrid que en la conquista "hubo mucho abuso" y pidió leer esa historia sin resentimientos morales. 

En junio, la presidenta lo recibió en Palacio Nacional. 

Así el agravio se negoció.

Pero el relato siguió intacto. 

La respuesta es sencilla, está en las fuentes históricas que cualquiera puede revisar. 

Bernal Díaz del Castillo, soldado de a pie, describe a los sacerdotes de Cempoala con el cabello hasta la cintura o pies, apelmazados de sangre, las orejas despedazadas por auto flagelo y olor "de carne muerta". 

En la isla que bautizaron de Sacrificios, en Veracruz, hallaron cinco hombres inmolados y abiertos del pecho. En Zultepec, Tlaxcala, encontraron los rostros de sus compañeros desollados y curtidos "como pellejos de guantes", ofrecidos en un altar. 

Y Fray Bernardino de Sahagún, documentó que los sacerdotes se revestían con la piel de los sacrificados en honor de Xipe Tótec. 

Y no es leyenda negra al revés, el propio INAH ha hallado 655 cráneos en el Huei Tzompantli de Tenochtitlan, en pleno Centro Histórico de la CDMX.

Bernal señala que los hispanos eran unos cuatrocientos soldados, y cuatrocientos hombres no derriban un imperio. 

Lo derribaron los pueblos que Tenochtitlan oprimía y asediaba.

Totonacas hartos del tributo, tlaxcaltecas que nunca se dejaron someter, entre otros más. 

El propio Cortés confiesa al emperador en sus cartas, que al ver la "discordia y desconformidad" entre unos y otros, sintió "no poco placer".

Obras del INAH hablan de la caída de la ciudad en manos de los soldados españoles "y sus aliados indígenas". 

Fue, en gran medida, una guerra mesoamericana, y con ellos un capitán extranjero.

Por supuesto, nada de esto borra las sombras. 

La matanza de Cholula y la del Templo Mayor durante la fiesta de Tóxcatl. 

La viruela, que el mismo Cortés registra llevándose a hombres enteros, y la encomienda, que convirtió en servidumbre lo que se había prometido como tutela. 

Pero decirlo no debilita el argumento, lo vuelve honrado.

El reclamo oficial, sin embargo, descansa en un doble anacronismo. 

En 1519 no existía México.

Existía un mosaico de señoríos, muchos de ellos enemigos entre sí. 

Tampoco existía España como Estado; Bernal escribe "nuestra Castilla" y Cortés se dirige a un rey de coronas reunidas. 

Exigir que un Estado que no existía, se disculpe a causa de otra nación que tampoco existía, por hechos de los que somos herederos por ambas sangres, equivale a pedirnos que tomemos partido contra la mitad de nosotros mismos.

Porque México nació ahí. 

Nació cuando Francisco de Vitoria sostuvo en Salamanca, en 1539, que los indios eran verdaderos dueños de sus tierras y de sí mismos, frente a quienes los tenían por menos que hombres. 

Nació cuando las Leyes Nuevas de 1542 intentaron poner freno a la encomienda, cuando llegó a la capital la primera imprenta del continente y se fundó la Pontificia y Real Universidad de México. 

Nació cuando en el Tepeyac la Virgen morena habló en náhuatl y reunió en un mismo altar a dos pueblos que venían de la guerra. 

No somos la víctima del 12 de octubre, somos su orgulloso fruto.

Juan Pablo Saavedra
Licenciado en Derecho por la Universidad Pontificia de México, institución donde cursó también estudios en Filosofía, Teología y Derecho Canónico. Cursó la Maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Cuenta con diplomados y certificaciones del INE México, el Poder Judicial Federal, la Escuela de Liderazgo Político de la Konrad Adenauer Stiftung (CDU, Alemania) en Economía Social de Mercado, y en Gobernanza Democrática, por la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana (UP), también por el Centro de Análisis y Entrenamiento Político de Colombia (CESOP) en Manejo de Crisis. Actualmente se desempeña como Coordinador del Área Social, Medio Ambiente y Energía de la Fundación Rafael Preciado Hernández, A.C., donde ha publicado múltiples análisis de política pública.